En diálogo con Multiplataforma Fénix, la médica cirujana analizó el crecimiento de la violencia social y sostuvo que el problema radica en la falta de herramientas para reconocer y expresar las emociones.
16:16 | Lunes 06 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
En diálogo con Multiplataforma Fénix, la médica cirujana Marina Vargas (MP 74520) abordó una problemática cada vez más visible en la sociedad: el aumento de conductas violentas, especialmente entre jóvenes.
En ese sentido, fue contundente al plantear una mirada diferente sobre el fenómeno:
“No es que la sociedad esté más violenta, lo que sucede es que no encontró hasta ahora el medio por el cual evacuar sus emociones”, afirmó.
La especialista explicó que el origen del problema está en la falta de conexión con las propias emociones desde edades tempranas.
“Las emociones son una fuerza, es la fuerza con la que nacemos. El niño no piensa primero, expresa lo que siente”, señaló.
Sin embargo, con el paso del tiempo, ese lenguaje emocional queda relegado.
“Nos hemos olvidado de nuestro origen emocional. Hoy no sabemos identificar qué nos pasa: si es ira, frustración o impotencia”, advirtió.
Vargas también cuestionó los enfoques tradicionales que encasillan los comportamientos:
“No estoy de acuerdo con las etiquetas, porque detrás de cada conducta hay un lenguaje emocional que no está siendo comprendido”, sostuvo.
En relación a los episodios de violencia que se repiten en la actualidad, remarcó que muchas reacciones son automáticas:
“Ese arranque emocional no pasa por la parte racional del cerebro, por eso reaccionamos sin pensar”, explicó.
Además, vinculó estas conductas con experiencias de vida acumuladas:
“Si una persona creció en entornos conflictivos o con situaciones de abuso, eso queda en el subconsciente y después se manifiesta”, indicó.
Consultada sobre cómo se pueden prevenir estos desbordes, la profesional hizo hincapié en el reconocimiento emocional:
“Primero hay que identificar qué me pasa. Si no sabemos lo que sentimos, vamos acumulando hasta que eso explota”, alertó.
En esa línea, comparó el proceso con una olla a presión:
“Las emociones se van acumulando y, si no encontramos una válvula de escape, terminan saliendo de la peor manera”, graficó.
Como alternativa, propuso herramientas vinculadas al arte y la expresión:
“El arte permite canalizar emociones de manera no invasiva y generar equilibrio emocional”, aseguró.
Finalmente, también vinculó esta problemática con el contexto social y educativo:
“El abordaje emocional no está realmente incorporado en las escuelas. Se habla, pero en la práctica no sabemos cómo gestionarlo”, concluyó.