Conmovido, también destacó el trabajo fundamental del equipo médico que acompañó al bebé desde el primer día. “No sé cómo hicieron los ángeles de neonatología del Italiano de San Justo y Dios para mantenerlo con vida”, expresó.
Según relató, el panorama era muy delicado y los pronósticos no eran alentadores. “Lo normal es que no lo pase, que no sobreviva”, admitió.
Sin embargo, el pequeño logró salir adelante y hoy, con cinco años, se convirtió en el orgullo de toda la familia. “Es un chico feliz. Todo le fue costando un poco más, desde hablar hasta empezar a caminar. Pero lo vemos caminar y decimos: ‘Ahí va el milagro de Dios’”, dijo emocionado.
Además, Beto habló del enorme amor que siente por sus nietos y reconoció que convertirse en abuelo era uno de sus grandes deseos pendientes. “La palabra abuelo me encanta y hasta estaba un poquito apurado por serlo”, confesó entre risas.
Actualmente disfruta de Gabriel y también de los mellizos Milena y Fede, con quienes sueña compartir cada vez más momentos familiares a medida que crezcan.