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El bastón presidencial: ¿por qué la obra de Pallarols que demanda un año de trabajo se cobra sólo $1?

El orfebre viaja por todo el país con la pieza de madera y plata que luego entrega a Presidencia. Cuáles son los costos su obra.

Miércoles 24 de Abril de 2019

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La democracia argentina tiene sus tradiciones, y el bastón de mando que fabrica Juan Carlos Pallarols es una de ellas. El 10 de diciembre del año anterior a la asunción de cada presidente, el orfebre comienza a trabajar y viaja por todo el país para que el que quiera pueda colaborar en el cincelado de la plata. Este jueves le toda al Museo Nacional para la Democracia, en Rosario.

 

“El 10 de diciembre empecé en Presidencia de la Nación, después en el Congreso, de ahí me fui a Chascomús y así recorrí más de 50 lugares”, le explica el artista a minutouno.com. “Para mí es importante porque yo durante años no pude votar por las dictaduras, por más que ahora se peleen y hablan de ‘la grieta’, eso es porque estamos en un Estado bastante democrático, tendremos cosas que mejorar”, opina.

El diseño

Los bastones son siempre iguales, lo que cambia es la longitud de acuerdo con la altura del primer mandatario: “Cuando es alto, como de la Rúa o Kirchner, eran de 94 centímetros, hay otros de mediana estatura, y los más chicos son de 89 centímetros”.

 

Sin embargo, Pallarols explica que “el mensaje más grande va en la madera, porque el urunday rubio, tiene unas propiedades increíbles: es barata, se mantiene siempre recta, no necesita lustre y no se corrompe. Sería importante que quien porte ese bastón adopte las propiedades de esa madera”.

Luego, reconoce: “Si no fuera por la caridad pública, me costaría 1 millones de pesos, porque viajo durante un año para que pueda trabajar todo el mundo. Me pagan la nafta, me invitan a dormir en un club, casas de familia, en un hotel, me dan la comida”.

También recuerda que cobra 1 peso por el trabajo y explica que tiene poco gasto en mano de obra y materiales, pero revela el saldo aproximado del objeto: “Son unos 200 gramos de plata. El bastón costaría unos 2 mil o 3 mil pesos entre el metal, la madera, los ayudantes y el estuche, que es lo más caro y me lo donan. Todo lo donan entre varias personas. Hay gente que me trae pedacitos de plata, lo purificamos, y lo juntamos”.

Los cuadernos de Pallarols

Entre divertido y serio, el orfebre cuenta que viaja para hacer los cincelados con cuadernos para que “la gente que está en la calle” y participa en la confección le deje un mensaje al nuevo presidente. “Me da igual si lo putean o lo felicitan. Yo quiero que sea democrático. Si lo vendiese como los que hacen las encuestas sería un buena negocio”, dice. Luego le saca fotocopias a todo lo escrito y lo entrega junto con el bastón.

El fallido con Macri y la lucha contra los militares

Pallarols cuenta dos experiencias por las que pasó con los bastones presidenciales. La última fue con el actual mandatario, Mauricio Macri, quien decidió no usar el que le regaló. Esto despertó una anécdota graciosa y un malentendido.

“Un director de ceremonial me preguntó: ‘¿la Presidenta no uso el bastón para hacer una macumba?’. Yo no creo en esas cosas, nadie me lo pidió”, explica.

“Yo el bastón lo dejé en Presidencia tres o cuatro días antes. Pasaron unos meses, habían trabajado unas 3 millones de personas en el que se le entregó al ingeniero Macri. Entre diciembre y enero me llegaron más de 1 millón de mensajes preguntándome: ‘¿qué pasó con el bastón en el que yo trabaje?’. Por eso lo pedí y me lo devolvieron”, revela. Luego llegó un reclamo inesperado.

“Muchos meses después vino la madre del Presidente (Alicia Blanco Villegas) y me preguntó por qué no le di el bastón a su hijo. Le explique lo que pasó y que lo voy a guardar en el Museo Pallarols, porque es del pueblo”, declara.

Sobre el final de la charla cuenta cómo solucionó un incidente con los militares por el bastón que usó Raúl Alfonsín, con la colaboración de algunos medios de comunicación: “Yo me peleaba con el capitán Adolfo Scilingo, de ahí salió lo de 1 peso. Él quería imponer otro bastón con una cosa que no era muy santa económicamente. Entonces le dije que lo iba a donar y me dijeron que eso era un trámite muy lento. Volví a Casa Rosada al otro día con una boleta por 1 peso que decía que el bastón era de Presidencia y les aclaré: ‘Acá está, un colaborador ya puso el peso’. Me fui con algunos periodistas que lo publicaron y entonces fue vox populi, se la tuvieron que tragar”.

 

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