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Dólar Alberto: por qué el ganador de las PASO cree que "está bien una cotización a 60 pesos"

El candidato presidencial aprobó ese valor luego de hablar con Mauricio Macri. Pros y contras y la duda acerca de si el objetivo es mantener el tipo de cambio en términos reales o solo nominales.

Sábado 17 de Agosto de 2019

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No hay una receta uníca para determinar cuál es el tipo de cambio óptimo para la economía en su conjunto. No obstante, hay referencias aceptadas como el tipo de cambio real multilateral, que es el valor nominal de mercado en una fecha base y elevado por la tasa de inflación local y dividido por la inflación del promedio de países que comercian con la Argentina.

Se pueden establecer diferentes puntos de partidas pero estos deben tener como prerrequisito que correspondan al de un año con tendencia al equilibrio presupuestario y de baja de la inflación; superávit comercial, apertura de la economía, adecuada posición de reservas en el Banco Central, principalmente.

Se sabía en el mercado que el tipo de cambio había quedado atrasado, para alegría de los importadores y deudores en divisas y pesar de exportadores y acreedores. Sobre todo después de que llegara a tocar un valor de $40 por unidad en septiembre de 2018, pese a que se había acumulado desde entonces una tasa de inflación de más de 40% la divisa cotizaba pre las PASO a menos de $47. Es decir, se apreció  sólo 16% nominal  desde fines de diciembre.

Pero la discusión sobre cuál debía ser el tipo de cambio real recobró notoriedad luego de que Alberto Fernández dijera, tras conversar de modo relámpago con el presidente Macri, que "un dólar a $60 está bien, es razonable".

Se sabía en el mercado que el tipo de cambio había quedado atrasado, para alegría de los importadores y deudores en divisas, y pesar para los exportadores y acreedores, sobre todo después de que tras tocar $40 en septiembre de 2018 y haberse acumulado desde entonces una tasa de inflación de más de 40 por ciento.

En general, en una economía con alta inflación como la que caracteriza a la de Argentina, el tipo de cambio de mercado tiende a moverse al alza, aunque a veces se lo ancla a través de la suba de la tasa de interés de referencia de política monetaria como la que fija el BCRA en cada licitación de Letras de Liquidez (Leliq) para inducir a menor inflación. Pero mantener un valor real tiene sus costos y beneficios, para los fines fiscales y de política macroeconómica.

Claramente, la nueva devaluación del peso que impuso el mercado, con un salto hasta los $63 el último miércoles y que desde entonces intenta afirmarse en torno a $58 para el público en general y $55 para el segmento mayorista -donde operan las empresas- corrigió el atraso y volvió a ubicar la cotización en valores equivalentes a los más altos desde comienzo de este siglo.

La pregunta es si "el dólar Alberto" es para sostenerlo en términos reales o sólo nominal: parte del valor real máximo de $63 se atenuó a $58 en dos días, y en términos reales se retraerá por el traslado a inflación de gran parte de la devaluación en el período agosto a octubre. Es decir, a medida que la inflación continúe aumentando, si el tipo de cambio nominal no lo hace también, comenzará a "atrasarse" de nuevo en valores reales.

No hay receta uniforme para determinar cuál es el tipo de cambio óptimo para la economía en su conjunto. Hay referencias aceptadas como el tipo de cambio real multilateral, que es el valor nominal de mercado en una fecha base y se la eleva por la tasa de inflación local y se la divide por la inflación del promedio de países que comercian con la Argentina
Beneficiados por la devaluación

Finanzas públicas: un tipo de cambio real alto es muy útil como estrategia para obtener recursos fiscales fáciles a través de las retenciones que se mantienen sobre las exportaciones. Un ejemplo es el resultado de la recaudación de impuestos de 2019 en comparación con el año anterior, porque se apoyó en los gravámenes aduaneros para neutralizar los efectos negativos de la caída del consumo interno, y del empleo sobre el resto de los tributos.

Seguramente Fernández y su equipo económico trabajan en la idea de transferir parte de esos recursos para reforzar los planes sociales; otorgar nuevas líneas de crédito subsidiados a los trabajadores para la compra de la vivienda, y a las pequeñas empresas par que puedan salir de lo que consideran estado de crisis.

Y de ser necesario podrían volver a restablecer las retenciones en los niveles de fines de 2015, y con eso hacer política redistributiva, aunque pueda llevar a revertir la recuperación del campo y de las pymes exportadoras; justo en un momento en que los precios internacionales se mueven a la baja por la guerra comercial entre los EEUU y China.

Protección de la industria nacional: un tipo de cambio alto encarece las importaciones y mejora notablemente la competitividad cambiaria de gran parte de los sectores productivos, porque nunca la podrían lograr con los muy bajos índices de productividad que mantiene el conjunto de los factores: trabajadores, máquinas y tecnologías, que en muchos casos están apreciablemente retrasadas.

Un tipo de cambio alto encarece las importaciones y mejora notablemente la competitividad cambiaria de gran parte de sectores productivos con baja productividad.

Empleo de sectores protegidos: el cierre de hecho de la economía que implica un tipo de cambio elevado contribuye a revitalizar la actividad fabril de los sectores intensivos en mano de obra, y abre oportunidades laborales, porque el valor de los salarios en pesos se reducen notablemente medidos en dólares.

Licuación de la deuda en pesos: la conversión de las emisiones de bonos en moneda nacional se reduce sensiblemente en términos de moneda extranjera.

Contras

Pobreza: la devaluación en una economía con el grado de dolarización que caracteriza a la Argentina se traduce rápidamente a la inflación, por la alta incidencia de los alimentos, que son los principales productos de exportación, en el presupuesto de las familias. De ahí que rápidamente se traduce en aumento del valor de la canasta básica alimentaria y total a un ritmo superior al de los ingresos.

Asalariados: se licúa rápidamente el ingreso medio convertido a dólares, pero también en la capacidad del poder de compra en pesos, como se observó desde la crisis cambiaria de 2018. Ahora no será diferente porque las empresas y gobiernos nacional, provincial y municipal no están en condiciones de otorgar a sus empleados mejoras equivalentes.

Vulnerabilidad externa: empeora la relación deuda pública y PBI, porque mientras casi 8 de 10 dólares de los compromisos financieros del Estado, nacional, provincial y municipal, están nominados en moneda extranjera solo un 20% está en pesos; el producto bruto interno es generado en menos de 50% por sectores transables, aunque no todos con capacidad competitiva internacional como para poder mantener alineados sus precios en función el tipo de cambio de cada momento, el 50% corresponde a servicios públicos y privados que se valoran al ritmo de la inflación, y por tanto pierden relevancia en su conversión en moneda extranjera.

Con la devaluación del peso en la primera quincena de agosto en un 30%, se estima que mientras la deuda pública en el equivalente en dólares se achicó en unos USD 4.000 millones, a unos USD 325.000 millones, el PBI medido en igual forma se redujo en unos USD 100.000 millones, a USD 450.000 millones. De ahí que los mercados respondieran al salto cambiario con una suba varias veces mayor del Índice de Riesgo País.

Efectos sobre algunos sectores

Automotriz: se trata de un sector que opera con una elevada capacidad ociosa, más de 60%, porque el mercado interno demanda líneas importadas en una proporción de 4 a 1 a las nacionales; y las unidades que salen de las líneas de montaje de las 12 terminales se destinan mayormente a la exportación a Brasil, y en menor medida al resto del mundo. Y si bien la devaluación limitará la capacidad de compra de automotores extranjeros, no cabe esperar un traslado de los consumidores a la compra de autos locales, porque también se encarecen fuertemente con un tipo de cambio alto, porque los componentes extranjeros representan entre 50% y 65% del total, según modelos y empresas. En tanto, el principal mercado externo mantiene un crecimiento muy débil como para poder absorber las mayores ofertas que pueda recibir de la Argentina.

La devaluación limitará la capacidad de compra de automotores extranjeros, no cabe esperar un traslado de los consumidores a la compra de autos locales, porque también se encarecen fuertemente con un tipo de cambio alto sus componentes.

Textiles e indumentaria: es una actividad que aparece como una de las más beneficiadas por la devaluación, esto es de un tipo de cambio alto, no tanto porque mejora la posibilidad exportadora, sino porque encarece la oferta de importaciones, en especial de países limítrofes, la principal amenaza a la subsistencia de un sector muy atomizado, y con pocas empresas competitivas de escala mundial, o al menos en Latinoamérica.

Alimentos: la industria exportadora es una de las más favorecidas en los tiempos de tipo de cambio alto, como sería hoy un valor en torno a $60 por dólar, pero siempre que la ventaja cambiaría inicial no resulte contrarrestada con retenciones a la exportaciones, y "precios cuidados" para el mercado interno.

Electrónicos y juguetes: el tipo de cambio alto contribuye a retraer la oferta de importados de última generación y fomenta la fabricación interna, pero con tecnologías y diseños atrasados.

Petróleo, gas y energía: son sectores con alto potencial exportador, si no se detienen los proyectos de inversión, en particular en el área de Vaca Muerta. Pero el congelamiento de los precios de los combustibles por 90 días generó gran malestar en la industria, y puede impedir que sea un sector beneficiado con un tipo de cambio alto, por el componente importado en sus insumos, tecnología, maquinaria y financiamiento.

Mantener un tipo de cambio real alto puede contribuir en corto plazo a hacer políticas públicas de gasto expansivas, pero rápidamente realmente una espiral inflacionaria si no se fomenta la inversión, la productividad y la eliminación de impuestos distorsivos de los costos de las empresas.

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