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Roberto Lavagna hace equilibrio entre el pedido de gobernabilidad de Mauricio Macri y los guiños de Alberto Fernández

En los últimos siete días Roberto Lavagna escuchó una cadena de elogios que nunca pensó que llegarían a sus oídos en plena época electoral. Mucho menos en el camino que une las PASO con las elecciones generales de octubre.

Lunes 19 de Agosto de 2019

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Al contrario. Se imaginó tratando de resistir en medio de la polarización extrema y frente a dos candidatos a presidente hambrientos de votos. Casi una odisea.

Los inesperados resultados de las elecciones primarias generaron un brusco movimiento en los mercados y una posterior devaluación abrupta. La crisis económica se profundizó y Mauricio Macri tuvo que recurrir a los principales candidatos presidenciales de la oposición para que den un mensaje público que garantice gobernabilidad. Buscó calma para poder gobernar en un momento de máxima tensión.

El Presidente habló con Lavagna el lunes de la última semana. Fue un llamado protocolar. El compromiso que quedó después de esa charla fue el de ser responsables en las declaraciones públicas. El jueves por la tarde el ex ministro de Economía suspendió las acciones electorales y pidió que los otros candidatos lo imiten. Fue una señal clara frente al gobierno nacional.

La amplitud del triunfo convirtió a Alberto Fernández en un presidente virtual. Es pero no es. Un grupo de empresarios empezó a desfilar por sus oficinas de calle México como si fueran a reunirse con el presidente de la Nación. En el Frente de Todos se especula con futuros cargos en el Gabinete. El propio Alberto habla públicamente como si estuviera en la Casa Rosada. Incluso, le pide a Macri que negocie la deuda con el FMI "sabiendo que su mandato se termina".

Entre Macri y Fernández está Lavagna. Haciendo equilibrio. Intentando que los dos extremos que tiene la novela de la política nacional no diluyan sus intenciones de ser presidente de la Nación y de consolidar una fuerza electoral de centro. Al mismo tiempo tiene que conjugar su objetivo político electoral con señales concretas de gobernabilidad en medio de la tormenta. Muñeca pura para hacer subsistir su proyecto y a sus candidatos.

La última semana el candidato a presidente de Consenso Federal recibió múltiples guiños del peronismo kirchnerista. Sergio Massa advirtió que sería bueno contar con él en un futuro gobierno; Eduardo "Wado" De Pedro le solicitó una reunión -a la que asistió acompañado por Felipe Solá– y le pidió una opinión sobre el momento de profunda crisis política y económica que atraviesa el país. Además, le manifestó su preocupación frente a la incertidumbre financiera. De Pedro fue la voz del candidato peronista.

Finalmente, Alberto Fernández dijo, en reiteradas oportunidades, que le gustaría sumar al economista a su futura gestión. "¿Qué gobierno no quisiera tener a Lavagna? Es un hombre muy capaz. Me encantaría que, aunque no sea parte del gobierno, me ayude a pensar la Argentina", aseguró durante el fin de semana.

"Lavagna es de los virtuosos que he conocido. Es uno de esos hombres a los que vos le entregás un problema y te trae tres soluciones. Pero no sé qué quiere hacer ", recalcó Fernández días atrás, cuando el dólar se encaminaba a los $60 y las acciones de empresas argentinas se desplomaban vertiginosamente.

Si bien Lavagna decidió recibir a dos de los dirigentes más cercanos a Fernández y llamó al candidato del Frente de Todos el domingo de las PASO para felicitarlo por el resultado, no tiene en consideración la posibilidad de formar parte del esquema política que conducen Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

No aceptaría un ministerio dentro de un posible gobierno de la fórmula Fernández. No tiene intenciones de acercarse a la cúpula de poder del peronismo K. "Si tanto lo quieren a Roberto, que lo voten. Así se lo llevan todos", reflexionó, con ironía, uno de los colaboradores más cercanos del ex ministro de Economía.

En el círculo más cercano a Fernández se esfuerzan por mostrar que no hay demasiadas diferencias con Lavagna. Que, en definitiva, la idea de país de ambos espacios políticos tiene un gran cantidad de coincidencias. "En la necesidad de armar un frente aún más amplio para gobernar, es importante tender puentes con ellos", le aseguró a Infobae uno de los dirigentes de mayor confianza que tiene el ex jefe de Gabinete.

En el Frente de Todos se mueven con la seguridad de que la elección de octubre solo será una formalidad y que, sabiendo de antemano que gobernar los primeros meses de 2020 será una tarea extremadamente compleja, el mejor camino es acercar posiciones con el sector del peronismo que decidió seguir otro camino y, al mismo tiempo, generar, en conjunto, un clima de mayor estabilidad política en el país.

A la larga, el peronismo de los Fernández tiene la intención de incorporar al ex ministro de Economía a sus filas y de generar un vínculo más fluido con su fuerza política. Advierten que el proceso económico que se aproxima tendrá diferentes etapas y que la destreza y el prestigio de Lavagna podrían ser útiles para contribuir en la gestión de la crisis.

Hay un motivo clave por el que Lavagna va a frenar cualquier tipo de acercamiento al peronismo que conducen los Fernández. Considera que el esquema de poder que rodea a Alberto Fernández es, en su mayoría, kirchnerista. Por lo tanto, su futuro mandato estaría influenciado por el kirchnerismo de paladar negro que responde directamente a la ex Jefa de Estado.

Además, desconfía del rol verdadero que jugará Cristina Kirchner en una eventual gestión. Cree que querrá tener la conducción del poder real. Sus diferencias con la postura de la ex Presidente son extremas. "Tienen una concepción de la Argentina muy distinta", sostienen en el núcleo lavagnista.

Lavagna se siente muy lejos de la idea de gestión política y económica que tiene el kirchnerismo. En consecuencia, le resulta imposible formar parte de un gobierno donde Cristina Kirchner sea la vicepresidente y La Cámpora tenga un rol preponderante en el Congreso de la Nación. Ir a su encuentro no sería coherente. Y el ex ministro de Economía suele repetirle a su equipo de trabajo que la coherencia está en los cimientos de la construcción política que lidera.

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