Farándula

Gabriel Corrado revela los secretos de un galán de telenovelas: "Me pegaron cachetazos que me sacaron de escena"

En esta entrevista íntima con Teleshow, presenta su última película, "Baldío", cuenta qué actriz le dio la bofetada más fuerte ("Tiene mano grande", dice) y revela que le escribe por Instagram a una estrella de Hollywood.

Viernes 23 de Agosto de 2019

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Uno tiene que poder hacer en la vida lo que le gusta, o luchar por hacerlo", dice Gabriel Corrado, quien en esta charla a solas con Teleshow recuerda cómo rompió con el mandato familiar al dejar la Facultad de Medicina para dedicarse a la actuación, aunque siempre tuvo claro que lo económico le importaba porque quería formar una familia. "Para eso tenés que trabajar y cobrar, no podés estar cinco meses sin laburo".

"Yo lucho por renacer en otras cosas como en la radio, que es un lenguaje distinto. Escribir también: hipnoticé a la gente de Editorial Atlántida para que me firmaran un contrato", dice el consagrado galán de telenovelas que supo convertirse en escritor de una trilogía para adolescentes. Además, también conduce su propio programa radial, Bebedores seriales, por Radio Berlín.

Parte de esa búsqueda lo lleva a la pantalla grande, uno de los espacios que Gabriel menos recorrió, y que le fascina: "Me encanta que me llamen para hacer cine y me gustó mucho hacer Baldío porque es una película entrañable. Tiene un plus en su estética y en haber trabajado con una protagonista que ya no está: Mónica Galán", cuenta sobre el filme de Inés de Oliveira Cézar que se acaba de estrenar. Allí interpreta a un padre separado que enfrenta una crisis con su hijo adicto a las drogas.

Como padre, la preocupación constante no le resulta ajena: "Cuando tenés hijos dejás de dormir como dormías antes: estás más atento, tenés la guardia más alta. Y los chicos, sean chicos, adolescentes o grandes, siguen siendo un tema. Soy un padre muy presente, estoy muy cerca", asegura el papá de Lucas, Lucía y Clara. "No tuve un tema muy complicado con mis hijos pero los he ayudado a salir de situaciones complejas de alguna noche, que por ahí vinieron con alguna copa de más…".

—¿Cuántos años llevás de pareja con Constanza Feraud?

—Nos casamos en el año 89, pero nos fuimos a vivir juntos en el 87.

—Más de 30.

—Qué sé yo, me pierdo ya… Es un montón.

—Si le pregunto a Constanza en qué momento sos insoportable, ¿qué me va a decir?

—Y… yo soy medio hincha pelotas. Soy un tipo intenso en cuanto a que me gustan las cosas ordenadas, pero también sé ponerme manos a la obra a la hora de tener que hacer. De hecho cuando mis hijos eran muy chicos cambiaba pañales, lavaba platos, y lo sigo haciendo, sigo colaborando, hago mandados. Soy un compañero de mi mujer.

—¿Y en qué momento sos el mejor del mundo? ¿En qué momento me va a decir: "Me muero de amor"?

—Y… ¡las 24 horas! (risas). Armamos un buen equipo, y eso se ve reflejado en el tiempo que hace que estamos juntos. También salvó nuestro matrimonio irnos a vivir a otros lugares, a otros países.

—¿Eso oxigena, hay un empezar de nuevo?

—A nosotros nos hizo muy bien porque nos permitió empezar de nuevo. Cuando uno vive en otra ciudad donde no conocés a nadie, en otro país donde tenés que sociabilizar, en eso Constanza es muy piola: ella es mucho más sociable que yo y a mí me ayuda; yo soy más parco. Oxigenó nuestro matrimonio. Y también el psicoanálisis.

—¿Propio o de pareja?

—Las dos cosas. Ambos, cada uno por su lado, analizándose. Y también en pareja. Hemos recurrido a hacer análisis de pareja porque también nos sirvió mucho.

—Uno va a terapia de pareja muchas veces para poder separarse en buenos términos. A ustedes los ayudó a consolidar la pareja, no a separarse.

—Totalmente. Nos ayudó en momentos muy difíciles que estábamos pasando, de crisis matrimonial. Nos hizo muy bien hacer análisis, nos ayudó mucho. Salíamos riéndonos y nos hacía mucho bien. Reírse le hace bien a cualquier persona, y a una pareja le hace fantástico.

—La risa salva.

—Creo que la risa salva. El sentido del humor es clave. Constanza tiene gran sentido del humor. Ella sabe más disfrutar de la vida que yo. Yo soy más como un inmigrante trabajador que va para adelante, y pienso todo el tiempo en hacer cosas, en generar proyectos.

—¿Recibiste más besos o más cachetadas?

—Las dos cosas. Me han pegado cachetadas, y fuertes, eh. Recuerdo una cachetada que me pegó Millie Stegman en Perla Negra: me sacó de cuadro de la mano que me metió.

—¿Millie era la que pegaba más fuerte?

—Tenía mano grande Millie… Pero me han pegado muchas cachetadas. Soy de una generación donde las mujeres en las ficciones ya estaban empoderadas. En la generación anterior a la mía, por ahí los hombres eran un poco más machistas.

—¿Qué escena disfruta más el actor: la cachetada o el beso?

—Yo creo que la cachetada, sí. La del beso está fantástico porque es como un broche de oro, pero a veces la cachetada lleva a un beso. Es típico del género también: la pelea es parte del amor, el odio es la otra cara de la moneda. Y sobre todo en algunas telenovelas que son más comedias románticas. Perla Negra era una comedia romántica, Princesa también, que fue mi primer protagónico y me he divertido mucho. Por ahí Hombres de mar fue una novela más clásica, también Hombres de honor, que fue de época. La extraña dama fue clave en mi carrera. Igual que Amándote, porque me abrió el mercado latinoamericano.

—La extraña dama, aunque no eras el protagonista, fue un quiebre.

—Fue un quiebre. Porque en un momento fui casi protagonista: mi historia con Andrea Barbieri era como Romeo y Julieta. Fui a Italia a grabar una novela siguiente, llegué a Roma y había mucha gente esperándome en el aeropuerto, pensé que estaban esperando a un futbolista y me quedé sorprendido. Para mí fue increíble. Aparte soy descendiente de italianos, era la segunda vez que llegaba a Italia.

—Eras Mick Jagger.

—Era una cosa increíble. Te viene como un flash de decir: "Pensar que mi abuelo salió de allí, yo estoy volviendo y siendo reconocido en el país de mi origen".

—Nunca renegaste del galán.

—No, para nada. Jorge Guinzburg decía que el galán era como el goleador de un equipo de fútbol, era el Messi o el Maradona. Y es verdad, es el goleador que la pasa bárbaro si mete goles y gana el equipo, pero si no gana el equipo, si pierde, se come todas las críticas. Pero no reniego para nada porque de hecho es el héroe. Lo de galán es muy peyorativo, la palabra está medio devaluada, pero el galán en Argentina es el héroe de la película de acción, es el tipo que gana.

—¿El malo la pasa mejor? ¿Los buenos sufren?

—Pasa que en este género el bueno siempre es medio bobo. Es un tipo que se banca un montón de cosas. Muchas veces repite lo mismo: "Te quiero, no te vayas". En cambio el villano es el tipo que hace maldades. Y si es inteligente es mejor, levanta, le sube el precio a todo el proyecto. Hay grandes villanas: me acuerdo de María Rosa Gallo cuando hizo La extraña dama, o Millie Stegman en Luna salvaje, era clave para el conflicto el villano.

—Producís en Rumania y acá no, ¿por qué?

—Cada tanto hago algunas cosas acá. Voy metiendo donde puedo, donde me dejan los grandes. Lo mío es más chiquitito, es más gladiator, más boutique. Y ellos aprendieron a través de nosotros. Mirá cómo producen ahora los turcos, que antes compraban ficción latinoamericana y argentina especialmente a lo bestia. Ojalá que la Argentina empiece a tener ayudas, iniciativas público-privadas para que se produzca más. Es cultura. Exportar es bueno, es mano de obra, es trabajo para un montón de gente.

—Lo último que hiciste en tele fue La caída.

—Sí, el año pasado. Se emitió por la Televisión Pública y está gratis en la plataforma Contar.

—¿Tenés ganas de volver a hacer tele?

—Sí. Es muy probable que vuelva a hacer algo ahora, que llevemos el formato de Bebedores seriales adaptado, hay una productora que está interesada en hacerlo así que es muy probable.

—¿Te impactó el video de Romina Yan con Guido Kaczka?

—Me sorprendió, yo no lo podía creer. Eso salió fue en 2001, yo me enteré ahora. Estaba viviendo en Marbella porque estaba grabando una serie allí. Si a mí me hubieran dicho en ese momento, que no había redes sociales, que pasaba eso, la hubiese llamado a Romina y le hubiese dicho: "Romi, ¿cómo es esto?". Porque la verdad que yo no… Siempre fui muy cuidadoso en mi trabajo. Y muy respetuoso. Entonces, me sorprendió. Aparte con ella siempre tuve la mejor relación. De hecho fue muy lindo el trabajo que hicimos para un público muy particular, con el que yo nunca había trabajado. Y el papá, Gustavo Yankelevich, siempre fue un referente para mí.

—Gustavo fue importante en tu carrera.

—Es importante en mi carrera. Cada tanto lo consulto. De hecho me ayudó cuando quise producir en el este de Europa. Fue el primero que llamé para consultarle y para saber cómo podía armar un equipo de gente para poder hacerlo allí. Y ahora hablar de esto me deja mal a mí porque no puedo hablar con ella.

—¿Hablaste con Gustavo cuando salió el video?

—No, porque no es un tema de él. De hecho, a Gustavo lo vi después pero no hablamos de esto. ¿Qué me va a decir él?

—¿No te planteó nada, no dijo nada?

—No, para nada, al contrario. De verdad, Tatiana, fue como un baldazo de agua porque realmente no sucedió, para nada.

—¿Cómo la recordás a Romina?

—Como un ser súper luminoso. Fue muy lindo cómo yo la conocí a Romina en el estudio donde grabamos la canción que cantamos en la tira, en Chiquititas. Hice la primera temporada con ella. Y nosotros cantamos la canción del cierre que la había escrito Cris Morena. Nos conocimos en el estudio de grabación. Ella estaba grabando su parte de la canción y a mí me pusieron como en otro lugarcito, y yo grabé mis partes. Nos veíamos a través del vidrio.

—Ya que estás haciendo un programa donde analizás series, quiero el recomendado de Gabriel Corrado antes de que te vayas.

—Una actual, para mí la mejor de todas, es Big little lies. La recomiendo. Es una cosa increíble. Realmente unas actuaciones fantásticas. Una historia genial. Ya hay dos temporadas. Creo que terminó allí. Y la recomiendo. Con Nicole Kidman. Y después una clásica: Breaking bad. Es la serie que la rompió, de hecho hay un spin-off que se llama Better call Saul. Con esas dos no fallás.

—¿Cuál te decepcionó?

—Esta última… ¿Cómo se llama? La vi porque me hinchó mi hija más chica para que la viera, la de los dragones.

—¿Game of Thrones?

—Game of Thrones. Me pareció que estaba bien por cosas pero se le veían los hilos. No me mató. Chernobyl, sí: brillante.

—¿Cuál te hubiera gustado protagonizar?

—Chernobyl. Breaking bad también. Ray Donovan: esa es una serie que me encantaría. Y en cine, me hubiera encantado hacer Gladiator. Porque soy un gladiador en todo lo que emprendo.

—¿De qué personaje femenino te enamoraste? ¿Con quién tendrías un amor platónico?

—Nicole Kidman siempre me gustó, me parece monísima. Y la actriz que hace de la más joven de las cuatro… Shailene Woodley, que trabajó en Los descendientes, con George Clooney. Ella me mata. Ayer le escribí en Instagram.

—¿Le mandaste un mensaje?

—Sí, le mandé un mensaje. Pero no para salir con ella, sino porque tuve ganas, como un fan. Sí, por supuesto. Porque es monísima, divina. Aparte es muy buena actriz. Me encanta.

—¿Es solamente en Instagram o hay algún permitido en la vida real? ¿Vale la pareja abierta?

—No sé si la pareja abierta, pero mirar a otra persona y que esté todo bien, eso está permitido. No me quiero meter en ese lío… Simplemente te dije que le mandé un mensajito a Shailene Woodley. Le comenté una foto. Está todo bien.

—Estrenó  Baldío y siempre decimos que hay que ver cine nacional el fin de semana del estreno.

—Absolutamente, hay que apoyar al cine argentino. Baldío es una película entrañable, que está basada en un hecho real. Es muy poderosa en cuanto al conflicto que tiene en donde mucha gente se va a sentir identificada, grandes y jóvenes. Es en blanco y negro, que para los chicos que no han visto cine en blanco y negro, me refiero al cine noir francés, es divino. Y con grandes actuaciones, además del laburo de Mónica, que es su último trabajo, su despedida como actriz, está Beto Brandoni, Leonor Manso, Cecilia Dopazo.

—¿La pasaste bien en el rodaje?

—La pasé bárbaro.

—¿Te quedaste con ganas de más cine?

—Sí, todo el tiempo,. Quiero hacer mucho cine. Por eso, digo: las cosas tardan pero llegan, y lo importante es desearlas.

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