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El Gobierno brasilero continúa con la censura de libros con “contenido homosexual”

Ahora quieren prohibir a Machado de Assis, García Márquez, Leonardo Padura y hasta Edgar Allan Poe, pero el primer paso fue decomisar obras con “contenido homosexual” en la Bienal del Libro.

Viernes 14 de Febrero de 2020

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Los fascistas brasileños todavía no queman libros, pero ya tratan de prohibirlos. La semana pasada, el gobierno del estado de Rondônia, a cargo de un coronel de la Policía Militar que fue electo gobernador por el partido de Jair Bolsonaro, emitió una circular a todas las escuelas ordenando retirar de sus bibliotecas una lista de libros “inapropiados”. Entre las obras censuradas estaban dos de los mayores clásicos de la literatura brasileña: “Memorias póstumas de Brás Cubas”, de Machado de Assis, y “Macunaíma”, de Mário de Andrade.

En la lista también estaban Edgar Allan Poe, Franz Kafka y, entre otros brasileños, Ferreira Gullar, Euclides da Cunha, Rubem Fonseca (cuyo extraordinario libro de cuentos “Feliz año nuevo” ya había sido prohibido durante la dictadura), Nelson Rodrigues (a quien los militares también le prohibieron “El casamiento”) y, con mención especial, “todos los libros de Rubem Alves” (busquen en internet su fábula sobre el gato y los ratones y quizás entiendan por qué les molesta). Hay que reconocer que, aunque fuese para censurar, tuvieron buen gusto: la lista de libros prohibidos bien podría ser usada como bibliografía para un curso de literatura.

Nacido en 1839 en Río de Janeiro, negro –aunque, por mucho tiempo, su foto “oficial” sido emblanquecida– y nieto de esclavos libertos, Machado de Assis es el apellido de la literatura brasileña. Todas sus obras, de diferentes géneros, son clásicos, y fue fundador y primer presidente de la Academia Brasileña de Letras. “Memorias póstumas de Brás Cubas”, la novela que el gobierno bolsonarista de Rondônia quiso censurar —el escándalo nacional lo obligó a retroceder—, tiene uno de los comienzos más originales que recuerdo haber leído:

“Algún tiempo dudé si debía abrir estas memorias por el principio o por el fin, es decir, si pondría en primer lugar mi nacimiento o mi muerte. Aunque el uso vulgar sea comenzar por el nacimiento, dos consideraciones me llevan a adoptar diferente método: la primera es que no soy propiamente un autor difunto, sino un difunto autor, para quien la tumba fue una nueva cuna; la segunda es que lo escrito quedaría así más cortés y más nuevo. Moisés, que también contó su muerte, no la puso en el introito sino en el final; diferencia radical entre este libro y el Pentateuco.

“Dicho esto, expiré a las dos de la tarde de un viernes del mes de agosto de 1869, en mi bella chacra de Catumbí. Tenía unos sesenta y cuatro años, fuertes y prósperos, era soltero, poseía cerca de trescientos ‘contos’ y fui acompañado al cementerio por once amigos.”

¡Eso querían prohibir estas bestias!

Pero, a pesar de que esta vez no pudieron, la historia no termina –ni empezó– en Rondônia. Esta semana, la censura volvió a mostrar su cara en San Pablo, de la mano del empresario y gobernador João Dória, que en campaña usaba apodo “Bolsodória”. Folha de São Paulo reveló que su gobierno vetó una lista de libros del programa de estímulo a la lectura en las cárceles. Otro escándalo: entre los censurados estaban Gabriel García Márquez, Leonardo Padura, Albert Camus y Harper Lee.

Es probable que estos casos, con esos nombres, hayan dejado a mucha gente, en Brasil y en el mundo, muy preocupada. Pero es bueno recordar cómo llegamos hasta acá, porque las estrategias de la ultraderecha recorren caminos similares en diferentes países y siempre empiezan –así se lo enseñaron sus antepasados ideológicos del siglo XX– con las minorías. En esta época, su blanco favorito son los homosexuales, por eso, antes de animarse a vetar a Machado de Assis, fueron por los libros con temática gay. Cuando pasó, a muchos no les pareció tan grave.

 

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