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( PEDRO PAULIN).- El presidente busca exhibir el autoritarismo de CFK y su sector mediante la creación de un espacio de debate en el que nadie cree. La Cámpora posiciona a Kicillof como gobernador "de menor a mayor" y Kirchner da por perdido el país.
Lunes 06 de Febrero de 2023
15:23 | Lunes 06 de Febrero de 2023 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El presidente Alberto Fernández atraviesa un pésimo momento con una parte del Gabinete. Ya es público y no le molesta que se sepa. Eduardo "Wado" de Pedro, que hizo el recordado "golpe palaciego" tras la derrota del 2021, no habla con su jefe, porque su referente política, Cristina Kirchner, así cree que debe ser. Así entonces, Alberto lanzó la mesa política del Frente de Todos, en un contexto de cristalización de una crisis sin retorno que todos ahora reconocen en on.
El jefe de Estado cree que se puede convocar al diálogo planteando que no habla con su ministro del Interior, lo que presupone que entonces no habrá posibilidad de que algo fructífero surja de esa mesa, si es que alguna vez se concreta. Durante un par de años, Santiago Cafiero fue quien coordinó la mesa en Olivos de los martes en la que se sentaban Andrés "Cuervo" Larroque, Victoria Tolosa Paz, Sergio Massa o algún interlocutor, intendentes, entonces había una forma mancomunada de mirar la coyuntura.
La historia es conocida, Cristina con el diario del lunes dijo que todo era culpa de Alberto, que use la lapicera que nunca nadie vio, Sergio Massa se empoderó como ministro y otra vez Wado aprovechó para azuzar la interna planteando la falta de códigos del presidente, que en privado, es cáustico a la hora de definir: "No me interesa lo que dicen, ni Cristina, ni Máximo, ni el Cuervo, hay que bajar la inflación", es el mantra albertista por estos tiempos.
La entrevista con la colega María O'Donell exhibió al Alberto que muchos conocen en privado. Negación absoluta de la crisis económica con datos propios, sonrisa socarrona para exhibir la furia cristinista y la falta de modeles de los para nada jóvenes de La Cámpora, y reforzar la idea de incomodar al peronismo buscando democratizarlo, algo así como el fuego que empapa.
Así entonces, el plan "de menor a mayor" que bocetea La Cámpora e intendentes de Buenos Aires es claro. Primero fortalecer municipios, después la provincia más grande y pobre porcentualmente del país, y después ver si se puede ganar el país, algo que Cristina Kirchner da por perdido y que Alberto Fernández cree que no sólo puede ser candidato, sino ser reelegido. Las encuestas le dicen que no, sea cual sea en el escenario que haya, pero sigue convencido de que el triunfo es parte de las opciones venideras.
Axel Kicillof es hoy el político más pujante y apoyado de la política peronista. Cristina sueña con que sea presidente y jamás permitiría que se siente a debatir en la onírica mesa del Frente de Todos a pesar de la convocatoria presidencial. El puente de los tercios está terminado, Alberto lo sabe y expone la furia populista como lo sabe hacer, dando a entender que él abte el juego y el resto lo cierra. De manual albertista.
Así entonces, la mesa no existirá, en realidad, existe hace mucho, es lo que sucede en las democracias de todo el planeta, donde los que gobiernan, con matices, se sientan a acercar posiciones y ver cómo se encuentran en las diferencias para seguir gobernando. En otros países, es la realidad, acá, todavía hay que explicar por qué el agua moja.
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