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Luego de unos días de descanso que le sirvieron para ordenar ideas, políticas, pero también económicas, el gobernador Ricardo Quintela reapareció en escena con un gesto que dejó un mensaje claro:
Domingo 18 de Enero de 2026
22:37 | Domingo 18 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La preocupación hoy pasa por cómo sostener el gasto público en un escenario cada vez más restrictivo. Lejos del tono épico o confrontativo, el regreso del mandatario estuvo marcado por un dato concreto: no aparecen, por ahora, herramientas claras para equilibrar las cuentas sin resentir el funcionamiento del Estado provincial. La pregunta que sobrevuela el entorno gubernamental es tan simple como inquietante: ¿cómo gobernar cuando los recursos no alcanzan? En ese marco se dio el encuentro político del fin de semana, que funcionó menos como un acto y más como una señal interna. El almuerzo compartido con intendentes y dirigentes cercanos tuvo un doble objetivo: medir lealtades y ordenar el frente interno ante los cambios de gabinete que el gobernador analiza por estas horas. El mensaje fue directo, aunque sin estridencias. Quintela buscó cerrar filas, disipar versiones de tensiones internas y reafirmar su liderazgo en un contexto donde la unidad política aparece como un activo indispensable. No hay margen para errores ni para disputas menores cuando el escenario financiero es adverso. La foto del encuentro —con fuerte presencia de intendentes del interior— también dejó otra lectura: mostrar volumen político propio frente a un panorama nacional complejo, marcado por las políticas de ajuste del presidente Javier Milei, que redefinen el vínculo entre Nación y provincias. Más allá del clima distendido del encuentro, el trasfondo es áspero. La gestión provincial se prepara para transitar lo que, en el propio oficialismo, definen como un "desierto financiero”, donde cada decisión presupuestaria tendrá impacto político y social. En ese escenario, la prioridad parece ser una sola: sostener la gobernabilidad sin romper el tejido interno. El descanso terminó. La política volvió a escena. Y la semana arranca con una certeza incómoda: la batalla que viene no será discursiva, será económicaDEJANOS TU COMENTARIO
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