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Sociedad
Lo que empezó como un desafío personal terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy impulsa la inclusión de cientos de familias en todo el país.
Viernes 20 de Marzo de 2026
08:51 | Viernes 20 de Marzo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Hay historias que empiezan como un desafío íntimo y terminan convirtiéndose en algo mucho más grande. La de Juan Zemborain es una de esas. Durante mucho tiempo fue arquitecto, emprendedor y un apasionado del deporte, pero su vida tomó un rumbo inesperado cuando su hijo recibió un diagnóstico que abriría una etapa llena de preguntas, incertidumbres y aprendizajes: autismo.
En lugar de resignarse a los límites que muchas veces aparecen, decidió enfrentarlos desde otro lugar: el movimiento, el deporte y la experiencia compartida. Lo que en un principio fue simplemente una forma de ayudar a su hijo a fortalecerse físicamente con el tiempo terminó transformándose en una iniciativa que hoy reúne a familias, voluntarios y chicos con discapacidad que encuentran en el deporte una forma de descubrir nuevas posibilidades.
Así nació Empujando Límites, un proyecto que busca demostrar que muchas veces las barreras no están en las personas, sino en la forma en que la sociedad imagina lo que es posible. Este movimiento promueve el uso del tándem, la famosa bicicleta doble, como herramienta terapéutica, de rehabilitación y de inclusión familiar, social, deportiva y recreativa.
Pero antes de que todo eso ocurriera, la historia de Zemborain ya estaba atravesada por experiencias que, sin saberlo, lo habían preparado para ese camino.

Mucho antes de que naciera su hijo, la discapacidad ya formaba parte de la vida familiar. Juan tenía un hermano con autismo que vivió internado durante prácticamente toda su vida, en una época en la que el conocimiento sobre el tema era mucho más limitado y las recomendaciones médicas solían ser tajantes.
“Obviamente era muy difícil. Mis hermanos no invitaban amigos a casa. Mi hermana se lastimaba las manos de los nervios. Yo estuve inmerso en eso desde muy chico”, contó en diálogo con TN.
A ese escenario complejo se sumó, además, una pérdida temprana que también dejó una huella fuerte: la muerte de su padre cuando él tenía apenas doce años.
Eso sin dudas marcó su futuro y llevó a Juan a estudiar arquitectura, tal como lo hizo su papá. Aunque, con el tiempo, la crisis del 2001 hizo que el sector de la construcción quede golpeado y prácticamente sin actividad.
“Ante esa incertidumbre, con mi hermano tuvimos una idea: hacer libros personalizados que contaban la vida de las personas, como una especie de biografía hecha a medida para familias que querían dejar registro de sus historias”, explicó.
La iniciativa creció, ganó concursos de emprendedores y terminó convirtiéndose en un proyecto que lo acompañó durante casi dos décadas. Pero lo que todavía no sabía era que, con el tiempo, su propia historia iba a convertirse en una de las más potentes.
Cuando nació su hijo Santiago, aparecieron las primeras señales de que su desarrollo no seguía exactamente el mismo ritmo que el de otros chicos.
El primer diagnóstico fue hipotonía muscular, una condición que implica un tono muscular bajo y que puede afectar el desarrollo motor. Luego, llegó la confirmación del autismo. La noticia generó preocupación, pero también despertó en Zemborain una reacción inmediata.
“Lo primero que pensé ante ese diagnóstico es que hay que entrenar. Según explicaron los médicos, Santi estaba laxo, con hipotonía muscular y retraso madurativo”, recordó. Ese momento marcó el inicio de un camino completamente distinto para la familia.
Juan tenía claro que el movimiento podía convertirse en una herramienta fundamental para fortalecer a su hijo. Así fue como apareció la bicicleta. “Cuando todavía era chiquito, le compré un triciclo y nunca más dejó de pedalear. Luego pasó a la bici, mientras yo iba atrás de él”, sostuvo.
Con el paso del tiempo, aquellas salidas se transformaron en parte central de la vida familiar. Los fines de semana se organizaban alrededor de esas horas arriba de la bici.
Sin embargo, en ese esfuerzo cotidiano empezó a aparecer algo más profundo: un vínculo cada vez más fuerte entre padre e hijo.
Juan y Santi empezaron de a poco: primero 40 kilómetros, después 50, más tarde 60. Con cada salida sumaban distancia y confianza, sin imaginar hasta dónde podían llegar. En ese camino, cuando el chico tenía apenas siete años, su papá lanzó una frase que sonaba desmedida, casi imposible..
“Un día le dije a mi hijo: ‘cuando tengas 15 vamos a cruzar la Cordillera de los Andes en bicicleta’”, confesó Juan. La idea parecía una locura. El chico todavía tenía dificultades para frenar correctamente y la imagen de un camino de montaña lleno de curvas y precipicios hacía pensar que aquello era imposible. Pero la idea quedó instalada.
El giro llegó tiempo después, en una charla casual con un guía de montaña. El hombre le contó que pedaleaba en tándem —esas bicicletas largas pensadas para dos personas— junto a ciclistas ciegos. Esa imagen le cambió la perspectiva por completo: si otros podían, tal vez ellos también.
La promesa que Juan le había hecho a su hijo cuando era chico finalmente se convirtió en realidad. Años después de aquella frase que parecía imposible, padre e hijo se subieron a un tándem y emprendieron una travesía que los llevaría a cruzar la Cordillera de los Andes en bicicleta.
El recorrido duró ocho días y lejos estuvo de ser una experiencia convencional. Durante el viaje durmieron en carpas, cabañas, refugios y campings, cambiando permanentemente de entorno. Incluso pasaron una noche en una casa en los árboles y otra en un camping a orillas del lago Panguipulli, en Chile. Para muchas personas con autismo, esa falta de estabilidad puede resultar desafiante. Sin embargo, la bicicleta funcionó como un eje que ordenaba todo.
“La rutina de Santi es la bicicleta”, explicó Juan, y agregó: “Él sabe que hoy va a pedalear y mañana también. Todo lo demás cambia: dónde dormimos, qué comemos, los baños. Pero arriba de la bici, él está en su lugar”.
El recorrido incluyó lluvias intensas, tramos sin camino donde tuvieron que cruzar en ferry y el paso fronterizo por Hua Hum, entre la Argentina y Chile. Finalmente, tras atravesar la cordillera, llegaron al océano Pacífico.
No fue un destino al azar. “Elegimos hacer de cordillera a mar porque a Santi le encanta el agua”, contó. Ese final también era, en cierto modo, el cierre de una historia que había empezado muchos años antes.
De sus viajes y caminos, como el cruce de Santiago de Compostela, en España, que lo completaron durante el 2022, empezó a tomar forma algo mucho más grande.
Las travesías, los desafíos deportivos y las experiencias compartidas comenzaron a sumar a otras familias que atravesaban situaciones similares. “Noté lo que también atravesaban otras familias y que encima se identificaban con lo que le ocurre a Santi. Un conocido me dijo ‘por qué no hacés una ONG?’. Y ese disparador me llevó a moverme, firmar estatutos, conseguir bancas y donaciones, lograr importar 30 tandems de aluminio”, explicó
Así nació Empujando Límites, una iniciativa que busca promover la inclusión a través del deporte y que propone algo simple pero poderoso: dejar de pensar primero en lo que una persona con discapacidad no puede hacer. La idea es probar, intentar, desafiar las expectativas. “Muchas veces, cuando alguien se anima a hacerlo, los resultados terminan sorprendiendo”, reconoció Juan.
“Hoy tenemos más de 120 embajadores que gestionan cerca 100 tándems de aluminio distribuidos en 70 localidades a lo largo y ancho del país. Y, por supuesto, organizamos nuevas carreras, travesías, donde cada vez son más familias las que deciden sumarse y participar de la inclusión”, concluyó.
Como si fuera poco, esto lo llevó a Zemborain a ganar el Premio Abanderados durante el 2025, un reconocimiento anual que destaca a personas por su dedicación a los demás, difundiendo su ejemplo para inspirar a toda la comunidad.
La vida de Juan Zemborain está atravesada por momentos complejos, pero también marcada por decisiones que transformaron esas experiencias en algo constructivo.
Durante años se dedicó a contar la vida de otras personas a través de libros biográficos. Hoy, sin proponérselo, su propia historia se convirtió en una de las que marcan y motivan a muchos otros.
Y todo empezó con algo aparentemente simple: un padre que decidió subirse a una bicicleta y pedalear detrás de su hijo.
Una infancia atravesada por la discapacidad

El diagnóstico que cambió todo
Pedalear juntos
La promesa que parecía imposible

Cruzar la cordillera, llegar al mar

Empujar los límites

Una historia que todavía se está escribiendo
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