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En la previa a un nuevo hito espacial, la periodista mantuvo un emotivo diálogo con Nelson Castro. Las sensaciones y las expectativas desde Cabo Cañaveral, a casi 57 años de distancia
Miércoles 01 de Abril de 2026
17:04 | Miércoles 01 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Mónica Cahen D’Anvers supo marcar un antes y un después en la historia del periodismo argentino cuando fue la única enviada de la televisión a Cabo Cañaveral para cubrir el histórico lanzamiento del Apolo 11, el 16 de julio de 1969. Su relato apasionado, preciso y humano desde el corazón de la carrera espacial estadounidense quedó grabado en la memoria colectiva y sentó un precedente para generaciones de cronistas. Ahora, a más de medio siglo de aquel hito, la reconocida conductora se animó a mirar hacia atrás y compartir cómo vivió uno de los momentos más relevantes de su carrera, justo cuando la NASA se prepara para otra misión icónica: Artemis II.
Esta vez, el reencuentro con ese pasado legendario se dio en un intercambio emotivo con Nelson Castro, quien está realizando la cobertura de Artemis II desde Cabo Cañaveral, Estados Unidos. En plena transmisión, Castro no dudó en manifestar su admiración y emoción al hablar con la pionera. “Qué emoción escucharte desde este lugar donde vos nos diste cátedra hace 60 años. Realmente se me pone la piel de gallina y me cuesta hablar por lo que representa este hito que vos lograste y por el cual, entre otras cosas, estamos acá, por esa tradición histórica que tratamos de honrar con tanta humildad y con tanta admiración hacia vos, por calidad de medios, con esa precisión y con esa vivencia que nos hizo a nosotros estar saliendo a la Luna. Me emociona mucho escucharte también”, le expresó el periodista, visiblemente conmovido.
Mónica, fiel a su estilo reflexivo, reconoció la dificultad de volver sobre aquellos días y analizar lo vivido: “¿Sabés qué pasa, vos? Es difícil volver para atrás y acordarse, porque evidentemente había tantas cosas que no existían o que creíamos que no lo hacían, que es muy difícil hoy en día contar como si no existiera. En esa época tenías que contar como no existiera. O, por lo menos, no lo hacía para nosotros”, explicó. El contraste entre los recursos de la prensa argentina y los de los equipos extranjeros era enorme. “Nosotros siempre llegamos últimos, porque teníamos muchas menos posibilidades, menos medios, menos cancha, menos una cantidad de cosas, y los otros siempre tenían mucho más. Así que nosotros teníamos que poner el alma, el corazón y las ganas para reemplazar lo técnico”, recordó, dejando en claro el desafío que implicaba cubrir semejante acontecimiento con recursos limitados.

Consultada sobre qué sintió al ser la única periodista argentina en semejante operación internacional, Cahen D’Anvers fue directa: “Es absurdo lo que te voy a decir, pero no me dio miedo. No me dio miedo para nada. Me dieron ganas de ir. Quién pudiera. Belle époque total. Uno es parte de todo esto y se siente muy parte. Y eso que nosotros, los argentinos, en comparación con los otros que estaban, es decir, con los europeos y con los americanos, qué sé yo, tenían equipos impresionantes. Cacho Tenores y yo éramos dos gusanos, juntitos”, rememoró. Y continuó: “Uno se siente parte de todo eso, y en ese momento no sé si nos dábamos cuenta de lo importante que era porque estábamos metidos adentro del despelote que no te dabas cuenta de la importancia real y profunda de lo que estábamos haciendo”.
La magnitud del operativo era impactante. Cahen D’Anvers fue la única periodista argentina en cubrir desde Cabo Cañaveral el lanzamiento del Apolo 11, relatando en detalle la magnitud de la estructura: la torre de lanzamiento valuada en miles de millones de dólares, la plataforma móvil de 122 metros y más de 4.000 toneladas, y las cámaras automáticas ubicadas a 100 metros de la rampa, listas para captar cada momento sin intervención humana. También transmitió el asombro ante el cohete Saturno V, de 109 metros de altura y 2.800 toneladas cargado de combustible, y supo poner en palabras la emoción de estar allí cuando el Apolo 11 despegó rumbo a la Luna.
Hoy, mientras Artemis II se prepara para escribir un nuevo capítulo en la historia espacial, a sus 91 años Mónica revive aquel episodio que marcó para siempre su carrera y el periodismo argentino. Sus palabras, entre la nostalgia y el orgullo, siguen inspirando a quienes buscan contar historias desde el lugar de los hechos, aun cuando la tecnología y los recursos estén lejos de ser los ideales. Porque, como ella misma recuerda, cuando no hay medios, lo que cuenta es el alma, el corazón y las ganas de ser testigo de la historia.
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