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El INDEC revela que la brecha entre el decil más alto y el más bajo es de 13 veces, el coeficiente de Gini se ubica en 0,427 y las mujeres ganan un 29,6% menos que los varones.
Martes 07 de Abril de 2026
11:14 | Martes 07 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La fotografía de la desigualdad argentina en el cierre de 2025 tiene números concretos. El INDEC publicó esta semana el informe de Evolución de la Distribución del Ingreso correspondiente al cuarto trimestre de 2025, basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que releva 31 aglomerados urbanos del país —entre ellos, La Rioja capital—. El resultado es un retrato descarnado de una sociedad que creció nominalmente pero no logró distribuir esa riqueza de manera equitativa.
El ingreso per cápita promedio del total de la población alcanzó los $635.996 mensuales, mientras que la mediana —el valor que divide en dos mitades iguales a la población— se ubicó en $450.000. La distancia entre ambos indicadores ya dice mucho: cuando el promedio supera con tanta amplitud a la mediana, es señal de que los ingresos altos jalan el promedio hacia arriba, distorsionando la imagen de bienestar.
Una brecha de 13 veces entre el piso y el techo
El indicador más contundente del informe es la brecha entre extremos: la mediana del decil 10 —el 10% de mayor ingreso— multiplicó por 13 veces la mediana del decil 1 —el 10% más pobre— durante el cuarto trimestre de 2025. Esta relación se mantuvo estable respecto al mismo trimestre de 2024 y al segundo trimestre de 2025, lo que indica que el ajuste macroeconómico del gobierno de Milei no empeoró la brecha relativa pero tampoco la redujo.
Traducido a pesos, el ingreso medio del estrato bajo —deciles 1 a 4— fue de $241.614 per cápita familiar, mientras que el estrato alto —deciles 9 y 10— promedió $1.549.248. El decil 10 se llevó el 32,3% del total del ingreso nacional, mientras que el decil 1 apenas capturó el 1,8%.
El Gini mejora levemente pero sigue lejos
El coeficiente de Gini —el indicador más utilizado para medir desigualdad, donde 0 es igualdad perfecta y 1 es desigualdad total— se ubicó en 0,427 para el cuarto trimestre de 2025. Es una leve mejora respecto al 0,430 registrado en el mismo período de 2024, aunque todavía lejos del pico de 0,467 alcanzado en el primer trimestre de 2023, en plena crisis inflacionaria.
La caída del Gini no necesariamente refleja que los más pobres mejoraron su situación en términos absolutos, sino que la distribución relativa se estabilizó después del shock inflacionario de 2023-2024. Para La Rioja, que integra la región NOA que releva la EPH junto con Catamarca, Tucumán, Jujuy, Salta y Santiago del Estero, el índice de desigualdad tiene particularidades propias: mayor peso de los ingresos no laborales —jubilaciones, planes sociales, empleo público— que en otras regiones del país.
Quién percibe ingresos y quién no
Uno de los datos más reveladores del informe es que apenas el 62,6% de la población total percibió algún ingreso durante el cuarto trimestre de 2025. Es decir, casi cuatro de cada diez personas —11,1 millones de personas sobre 30 millones relevadas— no tenían ingresos propios y dependían económicamente de otros miembros del hogar.
Entre quienes sí percibieron ingresos, el promedio fue de $1.011.863 mensuales. Sin embargo, el estrato bajo de perceptores individuales —deciles 1 a 4— apenas alcanzó un promedio de $351.028, mientras que el estrato alto —deciles 9 y 10— promedió $2.476.247.
La fractura formal-informal: el doble problema del empleo
El informe del INDEC expone con claridad una de las fracturas estructurales del mercado laboral argentino: la brecha entre trabajadores formales e informales. Los ocupados con descuento jubilatorio —es decir, en blanco— percibieron un ingreso promedio de $1.394.751, mientras que los informales apenas llegaron a $622.803. Una diferencia de más del doble por el mismo trabajo.
En términos de población asalariada, los 9,5 millones de asalariados relevados tuvieron un ingreso promedio de $1.082.635. Pero esa cifra se fragmenta drásticamente: los que cuentan con descuento jubilatorio promediaron $1.321.353, y quienes no lo tienen —los precarizados— percibieron $651.484. La informalidad no es solo una estadística: es la diferencia entre llegar o no llegar a fin de mes.

La brecha de género se amplía
El cuarto trimestre de 2025 trajo una señal de alarma en materia de equidad de género: la brecha salarial entre mujeres y varones se amplió al 29,6%, el valor más alto desde que el INDEC releva este indicador en la serie que arranca en el cuarto trimestre de 2021. Mientras los varones percibieron un ingreso promedio de la ocupación principal de $1.229.690, las mujeres recibieron $866.129.
Es decir, por cada $100 que gana un varón, una mujer percibe $70,40. Y la tendencia es negativa: en el segundo trimestre de 2025 la brecha era del 27,2%, y cerró el año en 29,6%.
Los hogares del decil más bajo: 285 personas sin empleo cada 100 ocupadas
El análisis por hogares revela una de las dimensiones más duras de la desigualdad. En el primer decil —los hogares de menores ingresos—, por cada 100 personas ocupadas hay 285 que no trabajan. En contraste, en el decil 10 esa relación cae a 42 personas no ocupadas cada 100 ocupadas. Los hogares del segmento más vulnerable no solo ganan menos: también tienen más bocas que alimentar con menos trabajo formal disponible.
Además, en los hogares del primer decil, los ingresos no laborales representan el 67,7% del total de sus entradas —jubilaciones mínimas, planes sociales, ayudas—, mientras que en el décimo decil esa proporción cae al 12,3%, ya que sus ingresos provienen mayoritariamente del trabajo.
La mirada desde La Rioja
Los datos de la EPH tienen una lectura específica para La Rioja. La provincia integra el grupo de aglomerados de menos de 500.000 habitantes que releva la encuesta, y su estructura económica —con alto peso del empleo público y los ingresos no laborales— la posiciona en una situación de particular vulnerabilidad frente a los cambios en la política de transferencias nacionales.
La reducción del 83% en las transferencias no automáticas del gobierno nacional a las provincias —documentada en informes recientes del IARAF— se traduce directamente en menos recursos para sostener el nivel de empleo estatal que, en La Rioja, representa el sostén de ingreso de una porción significativa de los hogares de estratos bajos y medios. Cuando ese piso se mueve, la desigualdad que mide el Gini vuelve a abrirse.
El cuadro que dibuja el INDEC para el cierre de 2025 no es el de una Argentina que se haya vuelto más justa. Es el de una sociedad que estabilizó su desigualdad en niveles elevados, con una brecha de género que se agranda, una informalidad que castiga a más de un tercio de los ocupados y deciles bajos cuya sobrevivencia depende de ingresos que el Estado central está recortando mes a mes.
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