Las delegaciones también acordaron volver a reunirse durante la semana del 22 de junio para intentar alcanzar un pacto más amplio que incluya garantías de seguridad y mecanismos permanentes de supervisión.
Israel mantiene que sólo respetará esta prórroga si Hezbollah - que no reconoce la autoridad libanesa - cesa con sus ataques desde el norte de ese país.
Prórroga de una "ilusión" y las nuevas "zonas pilotos"
La tregua anunciada hace más de un mes entre ambos países es otra prueba de la magnitud de la crisis de las dirigencias que gobiernan en el mundo. La guerra en Medio Oriente, lo mismo que la invasión rusa a Ucrania muestran una nueva dimensión devaluada de la diplomacia. Se hacen anuncios a diario, que sólo permiten ganar tiempo para que continúen los enfrentamientos.
La guerra en el centro de Europa lleva ya 4 años y 4 meses y no hay indicios de una posible solución. Esto llevó a otra deformación de las leyes internacionales en este siglo XXI. SE habla de un acuerdo mínimo de paz. Pero son tantos los puntos sueltos que se resumen a ser "letra muerta" en un papel. En el terreno, siguen los combates, bombardeos, heridos y muertes.
El caso de Israel y el Líbano encaja perfecto en esta lógica devaluada y peligrosa de la diplomacia. Se renueva un acuerdo que es inútil desde su inicio. Ambos países no están en guerra. Israel ataca a Hezbollah, la organización terrorista que ataca desde el territorio libanés. El gobierno de Damasco no consigue echar de su territorio a los terroristas y ellos, por supuesto no respetan su legitimidad.
Por lo tanto, el primer acuerdo de cese del fuego fue meramente formal. Los movimientos de Israel y de Hezbollah "habilitaban" al bando contrario a continuar sus ataques en el marco de la "tregua vigente". Ahora, llega un nuevo punto para esta realidad insostenible.
"Zonas pilotos" o la excusa para violar la tregua
Israel logró que el gobierno libanés creará una zona "piloto" en la que Hezbollah no podrá estar. Se concentra en la franja sur de el Líbano. Desde allí parten los ataques hacia Israel. El acuerdo le permite a Israel renovar sus ataques sobre Hezbollah, en la medida que los libaneses se muestren - como hasta ahora - incapaces para garantizar esa zona "nuetra o piloto".
Si esa zona "franca" no se cumple, Israel se siente habilitado para seguir atacando. Allí ya no cuenta ni siquiera el insulto personal de Donald Trump a Benjamín Netanyahu para que cese los ataques.
Trump necesita que no vuelen los misiles por la frontera entre Israel y el Líbano para avanzar en el díalogo que solo él dice tener abierto con Teherán. Por eso esta renovación, pero con la cláusula reservada. Es decir, como plateaba el libro "Il gatopardo" (1958) llevado al cine: "Cambiar algo para que nada cambie".