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Un submarino de propulsión nuclear de la Marina Real, que atacó y hundió al ARA General Belgrano el 2 de mayo de 1982, formaba parte del mismo aparato militar británico que -según exfuncionarios ingleses-dependía del uranio suministrado por Rio Tinto
Sábado 12 de Septiembre de 2026
11:32 | Sábado 12 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Hoy, Rio Tinto en Salta y en gran parte de la Argentina es sinónimo de minería, especialmente de litio. Pero mucho antes de que la gigante angloaustraliana pusiera sus ojos sobre el “oro blanco” del noroeste argentino, en Gran Bretaña, la misma compañía era conocida por suministrar otro mineral estratégico: Uranio, un recurso clave para el programa nuclear militar británico y la propulsión de sus submarinos.
Mientras comunicados oficiales británicos ubicaban ese material dentro del programa nuclear civil, otros documentos académicos, con participación de un exministro inglés, confirmaron el abastecimiento de ese mismo uranio volcado a alimentar el aparato militar de Reino Unido en 1982 e incluso “dependían” del suministro de la minera, según registros a la que accedió Gente de Salta.
Bajo el nombre de Rio Tinto Zinc, o como solían referirse a la compañía RTZ, la minera que ahora explota el litio en Salta, Catamarca y Jujuy, fue la misma compañía que durante aquellos años controló la extracción de uranio en Rössing, Namibia, uno de los yacimientos más importantes del mundo. Así, desde África partieron miles de toneladas hacia el Reino Unido, donde eran recibidas por la British Nuclear Fuels (Combustibles Nucleares Británicos) para su procesamiento y enriquecimiento.
Tras una investigación previa de RealPolitk, en la que revelaron que la minera, hoy beneficiada con regímenes fiscales por el RIGI, había abastecido de uranio al Reino Unido durante 1982 para uso civil, Gente de Salta avanzó sobre documentación académica y registros de época para reconstruir qué vínculo tenía ese suministro con el programa militar británico.
Así este medio pudo confirmar que el exministro británico de Tecnología y exsecretario de Energía Anthony “Tony” Benn, aseguró ese mismo año que "RTZ [Rio Tinto Zinc] suministraba ‘el uranio del que depende el programa militar británico.”

Posterior al documento que constaba de una tesis doctoral almacenada en los archivos de la University of Warwick y que registraba el testimonio del exministro británico Tony Benn, otros informes publicados décadas después terminaron de completar la secuencia. Durante la Guerra de Malvinas, el Reino Unido desplegó submarinos de propulsión nuclear y parte de la flota enviada al Atlántico Sur transportaba armamento nuclear.

Un submarino del programa abastecido con uranio de Rio Tinto, hundió al General Belgrano. Ministerio de Defensa británico.
Esa es la información que se desprende de un informe elaborado por el propio Ministerio de Defensa británico, que años más tarde reconoció que el uranio altamente enriquecido formaba parte de su programa militar y era utilizado tanto en armas nucleares como en el combustible de los reactores de sus submarinos.
La consecuencia directa: El HMS Conqueror, un submarino de propulsión nuclear de la Marina Real, atacó y hundió al ARA General Belgrano el 2 de mayo de 1982. Formaba parte del mismo aparato militar británico que, según Tony Benn, dependía del uranio suministrado por Rio Tinto.
De manera todavía más concreta, documentos desclasificados del gobierno británico exponen la relación del Uranio, el aparato nuclear y la guerra. Registros internos de abril de 1982 muestran que, con el conflicto recién iniciado, los altos mandos discutían qué hacer con las cargas nucleares antisubmarinas que transportaban algunos de los buques enviados al Atlántico Sur.
Esos escritos que, bajo el rótulo de “Secret”, se resguardaban en el despacho de la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher y reunían comunicaciones de Defensa, Cancillería y organismos de inteligencia, fueron revelados en 2012 por The National Archives del Reino Unido, tras cumplirse el período de reserva de la documentación oficial.
Allí se consignaron mensajes que, leídos cuatro décadas después, exponen la cocina interna del conflicto: Mientras públicamente Londres evitaba admitir al mundo la presencia de armamento nuclear en la flota, puertas adentro funcionarios y altos mandos discutían qué hacer con esas cargas, si retirarlas en la isla Ascensión, trasladarlas entre buques o mantenerlas a bordo ante el avance de la guerra.

Finalmente, la decisión fue mantener las cargas nucleares dentro de la fuerza británica y redistribuirlas entre distintos buques, en lugar de desembarcarlas en la isla Ascensión. La discusión había sido tratada bajo antecedentes calificados como “altamente clasificados” por el propio Ministerio de Defensa.
Según reconstruyó el periodista Martín Carrizo en RealPolitik, Rio Tinto fue durante décadas una de las grandes proveedoras de uranio del Reino Unido a través de la mina de Rössing, en Namibia. Un contrato firmado con el Gobierno británico contempló inicialmente la entrega de 7.500 toneladas de óxido de uranio, con envíos previstos entre 1976 y 1982.
La relación incluso se extendió más allá de ese plazo. Documentación de Naciones Unidas señala que el contrato británico fue prorrogado y que los suministros desde Rössing hacia British Nuclear Fuels continuaron al menos hasta 1984. Para diciembre de 1982, la ONU estimaba que unas 6.375 toneladas de óxido de uranio ya habían sido entregadas directamente al Reino Unido.
Pero el negocio estaba lejos de ser pacífico. Naciones Unidas cuestionaba la explotación de los recursos naturales de Namibia bajo ocupación sudafricana y puso a RTZ bajo la lupa por su papel en Rössing. La propia documentación académica de la época remarcaba además que el uranio namibio resultaba especialmente atractivo porque no tenía las mismas restricciones sobre reprocesamiento y uso militar que imponían países como Canadá y Australia.
Cuatro décadas después, Rio Tinto volvió a apostar por otro mineral estratégico, esta vez en el norte argentino: El litio.

Mientras en Salta el nombre de Rio Tinto quedó asociado en los últimos años al litio, el proyecto Rincón se convirtió en una de sus principales apuestas globales. La compañía prevé invertir unos US$ 2.500 millones para llevar el desarrollo hasta una capacidad cercana a 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería, con primera producción a gran escala prevista para 2028.
A nivel nacional, la expansión fue todavía mayor después de que en 2025 Rio Tinto completara la compra de Arcadium Lithium por US$ 6.700 millones, una operación que amplió de manera sustancial su presencia en Argentina y sumó activos de litio en Catamarca y otros puntos del país.
Rincón, además, fue incorporado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como proyecto de exportación estratégica de largo plazo, una aprobación que le garantiza beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para el desarrollo de la iniciativa. La resolución oficial contempló una capacidad inicial de 53.000 toneladas anuales, con potencial para alcanzar las 60.000.
También durante 2026 el proyecto siguió sumando respaldo financiero y regulatorio. En marzo, Rio Tinto obtuvo un paquete de financiamiento por US$ 1.175 millones aportado por cuatro organismos internacionales, mientras avanzaban las obras de infraestructura y la construcción de la planta en el salar salteño.
Incluso con el cambio de época, de mineral y de continente, la lógica vuelve a ubicar a Rio Tinto alrededor de un recurso considerado estratégico. Cuatro décadas después del uranio de Rössing, la compañía encuentra ahora en el litio argentino, y particularmente en Salta, una de las piezas centrales de su expansión mundial hacia los minerales vinculados a la transición energética.
El nuevo Sistema de Articulación de la Política Exterior busca que las distintas áreas del Estado que intervienen en cuestiones vinculadas con Malvinas actúen bajo una misma estrategia. La Cancillería tendrá un rol central en la coordinación, información y asesoramiento de las actividades que puedan impactar sobre la política exterior argentina, con especial atención a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, además de los espacios marítimos e insulares correspondientes. La iniciativa apunta a evitar acciones aisladas y garantizar una posición oficial “coherente, compatible y uniforme”.

Para el Gobierno de Javier Milei, la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre los territorios reclamados requiere una política de Estado que combine herramientas diplomáticas, jurídicas y políticas. La Casa Rosada sostiene que una mayor coordinación permitirá fortalecer la posición argentina ante la comunidad internacional, defender los intereses nacionales y mantener un reclamo “firme y coherente en el tiempo”. Con esta medida, el Ejecutivo reafirmó además su “compromiso irrenunciable” con la recuperación de los territorios que considera usurpados.
por. Juan Ancalle
para Gente de Salta
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