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Cecilia Aramburú declaró durante la segunda semana del juicio por el crimen del exrugbier de Los Pumas, asesinado en París en marzo de 2022.
Lunes 14 de Septiembre de 2026
21:22 | Lunes 14 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La familia de Federico Martín Aramburú volvió a ocupar este martes las primeras filas de la sala Voltaire del Palacio de Justicia de París, frente a los dos acusados por el asesinato del exrugbier de Los Pumas. En el inicio de la segunda semana del juicio, distintos testimonios buscaron reconstruir quién era el hombre que murió tras recibir cuatro disparos en la espalda y dos en una pierna en marzo de 2022.
Una experta que investigó su personalidad lo describió a partir de decenas de entrevistas realizadas a familiares y amigos en Buenos Aires y San Isidro. También declararon personas cercanas a Aramburú, entre ellas el rugbier Quesada y su madre, Cecilia, mientras que María, su esposa, estuvo presente en la sala aunque finalmente no declaró ese martes.
La descripción que surgió de los testimonios fue la de un hombre “solar, empático, simpático, alegre”, que ejercía su liderazgo a través de “la persuasión, la generosidad, el coraje y la solidaridad con los otros”. La experta también lo definió como “un hombre dinámico, atento, de gran corazón. Abierto y respetuoso”. Una de las frases que encontró para resumir su personalidad fue que Federico “ponía el sol en el corazón de la gente”.
Vestida de negro, Cecilia Aramburú habló ante los jueces y los acusados y reconstruyó parte de la vida de su hijo. Recordó sus orígenes familiares, su paso por el derecho y la decisión de abandonar sus estudios cuando fue contratado por el Biarritz Olympique para dedicarse al rugby profesional.
Federico había dejado el rugby amateur del CASI y su etapa en Los Pumas para continuar su carrera profesional en Francia. Durante su testimonio, su madre también mostró fotografías familiares que permitieron reconstruir la vida del exrugbier y los valores con los que fue criado: "Sé que este es el lugar para hablar de Federico. Pero es muy difícil no decir en voz alta que el crimen no debería haber ocurrido, que podría haberse evitado”.
En ese momento, apuntó contra el entorno que, según su visión, terminó rodeando a su hijo: “Federico se juntó con gente que albergaba violencia, odio, armas de fuego y una cierta impunidad”. La madre también recordó las horas posteriores al asesinato y el momento en que la familia recibió la noticia.
Cecilia contó que los viernes solía recibir a sus nietos en su casa. Esa noche, una de sus nietas estaba allí. Su marido tenía la costumbre de levantarse todas las mañanas, encender la computadora y consultar las noticias, pero aquel sábado no lo hizo. Según relató Cecilia, recibió primero el llamado de un amigo que quería saber qué había ocurrido con Federico. En ese momento comprendió que algo grave podía haber sucedido y llamó a María, la esposa de su hijo, quien le confirmó que Federico había muerto.
Después, su marido entró en la habitación para despertarla. Lo hizo suavemente, para no molestar a la niña que estaba durmiendo. Cecilia contó que interpretó su gesto como una señal de que tenía buenas noticias: "Me hizo un gesto para que saliera de la habitación. Me pareció ver una sonrisa en su rostro. Supuse que tenía buenas noticias que darme. Lo seguí hasta el salón. Entonces se dio la vuelta y…”.
En el salón se encontraba también su hermano médico y otros integrantes de la familia, que se reunieron para acompañarlos en ese momento.
Antes de que Cecilia regresara a su asiento, el juez le preguntó qué esperaba del juicio. La madre de Federico se tomó unos segundos antes de responder: "Creo que estamos tratando con criminales que no saben lo que es la humanidad. Creo que no merecen vivir en sociedad hasta que comprendan lo que significa, porque hoy representan una amenaza para los demás. ¡Cuando nacieron, eran seres humanos, no animales salvajes!”, afirmó. Sus palabras provocaron un momento de silencio y emoción en la sala Voltaire, mientras los dos acusados permanecían con la cabeza baja dentro del box de vidrio.
A lo largo de las audiencias también comenzó a reconstruirse el episodio que precedió al asesinato. Federico Aramburú y otros rugbiers habían coincidido con un grupo de ultraderechistas en el bar Le Mobillon, ubicado sobre el boulevard Saint-Germain. Los testimonios escuchados hasta el momento coincidieron en que Aramburú no era una persona pendenciera ni alguien que buscara habitualmente las peleas. Por el contrario, sus amigos lo describieron como un líder sonriente, generoso y capaz de conducir a los equipos que integró.
Los videos incorporados al caso muestran que, después de una provocación, Federico tomó a Loïk Le Priol de la capucha cuando este terminó su hamburguesa y el excomando militar cayó al piso de la terraza del bar. Allí comenzó una pelea que terminó con los rugbiers retirándose del lugar.
Para la familia de Aramburú, ese episodio debe ser entendido dentro de una personalidad que, según los testimonios escuchados durante el juicio, estaba lejos de buscar los conflictos. La segunda semana de audiencias permitió así reconstruir no solamente las circunstancias que rodearon la muerte del exrugbier de Los Pumas, sino también la vida del hombre al que sus familiares y amigos recordaron ante los jueces como alguien empático, alegre, solidario y profundamente alejado de la violencia.
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