Sociedad

Solo 2 de cada 10 alumnos de 15 años llega en tiempo y forma al curso que le corresponde

Argentina cayó al séptimo lugar entre nueve países de la región. El 21% de los alumnos tiene sobreedad, también la tasa más alta en Latinoamérica. Y es muy alto, el porcentaje de los que no cumplen los conocimientos mínimos de Lengua y Matemáticas

Jueves 15 de Octubre de 2026

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08:28 | Jueves 15 de Octubre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Argentina tiene una de las tasas de escolarización adolescente más altas de América Latina, pero cae al séptimo lugar entre nueve países de la región cuando se consideran también los aprendizajes, según el Índice de Resultados Escolares en América Latina, elaborado por el Observatorio de Argentinos por la Educación.

El indicador empeoró desde 2009, cuando 26 de cada 100 jóvenes llegaban a los 15 años a tiempo y con conocimientos básicos de Lectura y Matemática.

Para el índice, llegar en "tiempo y forma" significa que estén el curso que les corresponde (sin haber repetido ni abandonado) y con los conocimientos mínimos que se esperan para esa edad. En la Argentina, hoy solo 19 de cada 100 adolescentes cumplen con las dos condiciones. Son siete alumnos menos que en 2009. Y la paradoja es que nos sacamos un excelente en asistencia: el 97% de los chicos de 15 años asiste a la escuela.

El número también ayuda a leer otro problema que Clarín había advertido al analizar los datos de las últimas pruebas PISA: de cada 100 chicos que empiezan primer grado, solo 50 llegan a la secundaria en tiempo y forma. Lo que no se logra en los primeros años se arrastra y se amplía en el tramo siguiente.

¿Por qué la secundaria no logra avances entre sus alumnos, sino retrocesos?

El índice cruza dos dimensiones de la trayectoria escolar: la inclusión y la calidad. “Para la inclusión vemos, de los alumnos de 15 años, cuántos efectivamente están en la escuela”, explica Sol Alzú, analista de Argentinos por la Educación. Esa información sale de las encuestas de hogares y da el mejor número del informe: el 97% asiste.

El segundo filtro es el del tiempo. De ese 97%, solo el 79% lo hace sin sobreedad, es decir, sin repetir, sin haber dejado la escuela ni siquiera de manera temporal y sin haber ingresado tarde al sistema. La contracara es una tasa de sobreedad del 21%, la sexta más alta de América Latina.

El tercer filtro mide los aprendizajes. Para eso se toma a los alumnos que alcanzan el nivel 2 de las pruebas PISA, tanto en Lectura como en Matemática. Al cruzar las tres dimensiones, del 97% que asiste, se pasa al 79% sin sobreedad y, finalmente, al 19% que además llega con resultados satisfactorios.

Uruguay (35%) y Chile (34%) lideran el ranking, seguidos por Brasil (25%) y Perú (23%). Argentina se ubica por debajo de estos países y supera únicamente a Ecuador (14%) y Paraguay (7%).

Argentina pasó del segundo al séptimo puesto regional y es el único país que sufrió pérdida de posiciones en el ranking en todas las mediciones desde 2012 al 2025.

"Grandes" alumnos

La sobreedad se refiere a los chicos que tienen más edad que la que en teoría deberían tener para el curso en el que están. Y en el observatorio son estrictos al definirlo. Alzú explica que como las pruebas PISA se toman en una época del año en la que se espera que los alumnos tengan 15 años o 16 recién cumplidos, ya se considera que hay sobreedad si tienen 17 o 18, "o si tienen 16, pero están por cumplir 17".

Esto puede pasar por tres motivos: el alumno o la alumna repitió alguna vez, abandonó la escuela y volvió, o ingresó más tarde al sistema educativo y "cursó toda su trayectoria con ese desfasaje".

La segunda parte de la definición, los conocimientos mínimos, no implica necesariamente que a los alumnos les vaya mal en las notas ni que se lleven muchas materias. “Eso también depende de cuáles son los contenidos mínimos que se consideran necesarios para aprobar, ya sea a nivel país o en cada una de las provincias”, aclara Alzú.

Un ejemplo son los trabajos prácticos integradores, una instancia pensada para quienes no alcanzan los contenidos mínimos. Así, "los chicos pueden estar llevando menos materias y, sin embargo, obtener peores resultados en las pruebas PISA".

Justamente ahí aparece el deterioro: los resultados de PISA en Matemática, Lectura y Ciencias, dice la analista educativa, "son los peores desde 2006 y bajaron respecto de la medición anterior, la de 2022".

Por debajo en la región

En la comparación regional, Argentina queda detrás de Uruguay y Chile, que tienen un PBI per cápita más alto. Pero también detrás de México, Colombia, Brasil y Perú, países con un PBI per cápita menor.

“Hay una relación, no la negamos, entre este índice y la riqueza de los países, pero no es tan directa”, señala la analista. Con el PBI per cápita que tiene Argentina, agrega, “esperaríamos que los resultados educativos sean todavía mejores”.

De los países relevados, solo se supera a Ecuador, donde 14 de cada 100 chicos llegan en tiempo y forma a los 15 años, y a Paraguay, donde son apenas 7.

¿Por qué la secundaria no mejora?

Una de las explicaciones que suelen darse tiene que ver con la inclusión. La Argentina amplió en los últimos años la cobertura, sobre todo en la secundaria, uno de los últimos niveles en volverse obligatorio.

“Mayores niveles de inclusión también representan un desafío en términos de aprendizaje, porque son realidades y contextos diferentes”, plantea Alzú. En el corto plazo, dice, suele haber una tensión, porque "más inclusión puede venir acompañada de peores resultados".

El informe sugiere que la respuesta es más amplia. En el resto de los países de la región también crecieron las tasas de asistencia, incluida la secundaria, y no en todos cayó el índice de resultados escolares. “Parecería ser una problemática más argentina que una tendencia general”, sostiene.

“En Argentina las autoridades suelen jactarse del aumento de la cobertura, pero omiten los bajos resultados en el aprendizaje. Este índice, al combinar distintas variables, brinda una imagen más fidedigna y difícil de soslayar. Con más alumnos y menos sobreedad que años atrás, en la actualidad son menos quienes llegan a tiempo y con los conocimientos esperados”, afirma Alejandro Morduchowicz, especialista en planeamiento y políticas educativas.

“La comparación con países de mayor pobreza debería sumar una segunda alerta: los factores externos ya no alcanzan para explicar nuestro bajo desempeño. Despejado esto, queda como gran responsable la política educativa, cuya mayor constante es la de su ausencia o sus desaciertos, según el caso”, agrega Morduchowicz. ​

Alzú también apunta a un segundo factor, que aparece mucho antes de la adolescencia. Ya en tercer grado hay dificultades en comprensión lectora, como que prácticamente la mitad de los chicos no logra entender en profundidad un texto adaptado a su edad. Y eso no se queda en Lengua.

“Un chico que no comprende el enunciado de un problema, aunque sepa hacer las operaciones básicas, tiene muy difícil resolver el ejercicio”, ejemplifica.

¿Todo queda en la escuela? Agustín Porres, director regional para América Latina de Fundación Varkey, cree que no.

“La escuela se sostiene en comunidad. Con directores que confían en sus equipos, con familias que apoyan a la escuela, con gobiernos que potencian. No podemos relegar el aprendizaje a las escuelas porque esto nos ocupa a todos. Si queremos que los estudiantes vayan y allí aprendan en tiempo y forma, debemos asumir el compromiso y así podremos revertir la tendencia”, sostiene.

El desafío regional, señala el informe, es lograr que esa expansión del acceso se traduzca también en trayectorias escolares sostenidas y, puntualmente, con aprendizaje.

 

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