Sociedad

Cancelaciones, insumos más caros y alquileres: la difícil situación de los centros de estética

La caída del consumo, el aumento de los costos y los turnos que se suspenden a último momento golpean a los salones de belleza. Algunas profesionales reducen la frecuencia de atención y otras optan por cerrar sus locales y trabajar desde sus casas.

Sábado 31 de Octubre de 2026

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10:37 | Sábado 31 de Octubre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Los centros de estética y salones de belleza atraviesan un escenario cada vez más complejo. La pérdida de poder adquisitivo, el encarecimiento de los productos y los elevados costos de funcionamiento modificaron los hábitos de consumo y pusieron en jaque la rentabilidad de numerosos emprendimientos.

Uno de los fenómenos que más preocupa a las trabajadoras del rubro es el incremento de las cancelaciones de turnos, incluso poco antes del horario acordado. A esto se suman clientes que directamente no se presentan ni avisan, una situación que genera pérdidas económicas y dificulta la organización diaria de los establecimientos.

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, distintas responsables de centros de estética describieron cómo cambió la actividad durante el último año y coincidieron en que sostener los negocios requiere cada vez más esfuerzo.

Antonella, propietaria de Monique Studio, explicó que el valor de los insumos aumenta constantemente, aunque aseguró que decidió no resignar calidad en sus servicios. Según relató, creció considerablemente la cantidad de personas que solicitan un turno por primera vez y luego lo cancelan porque no pueden afrontar el gasto.

La situación también se refleja en los hábitos de quienes mantienen sus visitas a los salones. Vanesa, responsable de VM, un centro de estética de Villa Urquiza, contó que sus clientas comenzaron a seleccionar con mayor cuidado los tratamientos y a reducir la frecuencia de atención. Algunas que concurrían dos veces al mes ahora reservan solamente una visita para disminuir sus gastos.

En tanto, Lorena, titular de Tu Stylo, advirtió que la actividad registró una fuerte caída y que cada vez resulta más difícil prever cuántas personas cumplirán con sus reservas. Incluso señaló que hay clientas que no avisan cuando deciden ausentarse, por lo que debe enviar mensajes hasta último momento para confirmar si finalmente asistirán.

Locales vacíos

El deterioro del consumo no es el único problema que enfrenta el sector. Los alquileres comerciales y las expensas representan una carga cada vez más difícil de sostener, especialmente para los pequeños emprendimientos que dependen de una clientela barrial.

De acuerdo con el último relevamiento del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA), correspondiente al segundo cuatrimestre de 2026, la desocupación en los principales corredores comerciales porteños llegó al 10,7%. El indicador equivale a 1.388 locales vacíos.

Ante este panorama, algunas profesionales decidieron abandonar los establecimientos comerciales y trasladar la atención a sus propios domicilios. De esta manera buscan reducir los gastos fijos, evitar los compromisos locativos y conservar una parte mayor de los ingresos.

La alternativa también permite continuar trabajando sin asumir los costos que implica mantener un local abierto, desde el alquiler y las expensas hasta las facturas de los servicios públicos.

 

Menos tratamientos y turnos más espaciados

Otro cambio importante se observa en la frecuencia con la que las personas recurren a los servicios de belleza. Tratamientos que anteriormente se realizaban todos los meses, como el perfilado de cejas, el lifting de pestañas o las sesiones de masajes, ahora suelen postergarse o espaciarse entre 45 y 60 días.

Los procedimientos más costosos son los primeros en perder demanda, mientras que las prestaciones básicas conservan mayor protagonismo. En este contexto, las profesionales intentan adaptarse a presupuestos más acotados mediante promociones, descuentos por pago en efectivo y planes de financiación propios.

En muchos casos, estas estrategias implican resignar parte de la rentabilidad para mantener la clientela y evitar que los turnos sigan disminuyendo.

Insumos importados y servicios públicos

La estructura de gastos también se ve afectada por el incremento de los productos necesarios para realizar los tratamientos. Geles, cosméticos especializados, cartuchos para equipos de rejuvenecimiento y materiales utilizados en depilación definitiva dependen, en gran medida, de proveedores vinculados al mercado internacional.

Las modificaciones en las cotizaciones cambiarias y los costos de logística repercuten en las listas de precios, que se actualizan con frecuencia y complican la elaboración de presupuestos a mediano plazo.

A esa presión se agregan las tarifas de electricidad y gas, fundamentales para el funcionamiento de equipos láser, sistemas de radiofrecuencia, climatización y elementos de esterilización.

Así, mientras las profesionales enfrentan mayores gastos para mantener la calidad de sus prestaciones, deben lidiar con una clientela que dispone de menos dinero y selecciona con mayor rigurosidad en qué servicios gastar.

Cuánto cuesta hacerse las uñas

El aumento de los costos también se trasladó a las tarifas de los servicios de manicuría en la Ciudad de Buenos Aires. Durante el segundo semestre de 2026, los valores registraron nuevos ajustes y muestran diferencias según el tipo de tratamiento, los materiales utilizados y las características de cada establecimiento.

 

Entre los precios de referencia informados para el sector se encuentran:

  • Belleza de manos tradicional: desde $12.000.

  • Esmaltado semipermanente: entre $25.000 y $38.000.

  • Capping en gel o acrílico: entre $30.000 y $45.000.

  • Uñas esculpidas o extensiones Soft Gel: entre $35.000 y $60.000.

  • Belleza de pies: entre $25.000 y $35.000.

  • Adicionales de decoración, efectos especiales o cristales: entre $2.000 y $5.000 por uña.

  • Retiro de un esmaltado anterior sin volver a realizar el servicio: entre $9.000 y $12.500.

Los valores corresponden a referencias de establecimientos porteños y pueden variar de acuerdo con la zona, la complejidad del trabajo y los productos empleados.

Con menos turnos, insumos que no dejan de encarecerse y alquileres difíciles de afrontar, los centros de estética enfrentan un desafío que excede la actualización de sus tarifas: lograr que los clientes puedan seguir pagando por servicios que, para muchos, dejaron de ser una prioridad frente a otros gastos cotidianos.

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