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El presbítero y ex capellán de la Policía Bonaerense fue hallado culpable en 2007 de 7 homicidios, 31 casos de torturas y 42 privaciones ilegales de la libertad en el marco de la última dictadura militar.
Viernes 25 de Septiembre de 2026
18:03 | Viernes 25 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El ex capellán de la Policía Bonaerense Christian von Wernich, quien cumple su pena de reclusión perpetua en Campo de Mayo por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, envió una carta esta semana solicitando un permiso especial para encontrarse con el papa León XIV cuando el santo padre visite la cárcel de Villa Devoto.
El presbítero condenado en 2007 por 7 homicidios, 31 casos de torturas y 42 privaciones ilegales de la libertad le dirigió la misiva -difundida en las redes sociales del Foro Argentino de Defensa- a Monseñor Ariel Torrado Mosconi, obispo de 9 de Julio.
“Me dirijo a usted, como Padre y Pastor, con la profunda humildad y la confianza filial que me otorga mi condición de ser un sacerdote de su diócesis, hoy con 89 años de edad y cumpliendo ya 23 largos años de privación de la libertad en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal”, comienza el texto escrito por quien en las mazmorras del Circuito Camps, durante la dictadura, visitaba y participaba en las torturas e interrogatorios a detenidos desaparecidos e incluso intentaba “sacarles” información con falsas promesas.
Victimizándose por su avanzada edad y los años que lleva detenido, von Wernich hizo mención a la visita de León XIV al penal porteño y manifestó: “Con todo el fervor de mi vocación sacerdotal —en la cual he servido en el pasado como capellán—, mi más hondo anhelo espiritual es poder estar presente en ese encuentro único con el Sucesor de Pedro para recibir su bendición tras la prolongada cruz que estoy viviendo”.
“Es por ello que acudo a usted de manera muy especial, implorando su intervención directa. Le pido, como mi obispo, mi padre espiritual y mi pastor, que asuma esta sagrada misión: que sea usted quien formalmente pida y gestione ante el mi Tribunal competente, el Oral Federal N°1 de La Plata, (Causa 91002506/2007) el permiso necesario para mi traslado a la cárcel de Devoto para poder estar presente solamente durante el tiempo que dure la presencia del Santo Padre en esa Unidad Penitenciaria. Su voz paternal y su autoridad moral tienen el peso indispensable para que la justicia contemple este pedido", rogó el cura represor.

El presbítero hizo mención a su “avanzada edad”, su “condición de discapacidad motriz” y “los rigores acumulados de tantos años de encierro” para reforzar su solicitud “con el corazón en la mano”.
“Para facilitar la viabilidad logística, señalo que actualmente me encuentro alojado en la Unidad 34 del mismo Servicio Penitenciario Federal; al pertenecer ambas dependencias al mismo sistema, un traslado interno o temporario para una ocasión de tal magnitud resulta perfectamente factible de coordinar por horas durante esa jornada”, detalló.
Y concluyó: “Poder participar de este acto tan especial del Papa León XIV gracias a su intercesión pastoral representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final de mi vida terrenal y de mi ministerio sacerdotal. Agradeciéndole de antemano su escucha generosa, su celo pastoral y encomendándome a sus oraciones, lo saludo con mi filial respeto y bendición en el Señor”.
Christian Federico von Wernich fue condenado por los jueces Carlos Rozanski, Horacio Isaurralde y Norberto Lorenzo el martes 9 de octubre de 2007.
El papel que jugó el capellán de la Bonaerense y confesor de su jefe, el coronel Ramón Camps, en la represión ilegal quedó claro en las declaraciones de más de cien testigos escuchadas durante el juicio realizado entre el 5 de julio y el 9 de octubre de 2007 en el tribunal que funcionaba en el antiguo Hotel Provincial de La Plata. Los delitos por los que se condenó a von Wernich fueron cometidos en seis de los Centros Clandestinos de Detención y Tortura (CCDT): Arana, la Brigada de Investigaciones y la Comisaría Quinta (los tres en el Partido de La Plata), y en “Puesto Vasco” (en Bernal), el “Pozo de Quilmes” y el COT 1 de Martínez.
Los testimonios permitieron establecer sin sombra de dudas que el sacerdote -por entonces de 69 años- había sido responsable de múltiples desapariciones y torturas y coautor de los asesinatos de siete estudiantes de La Plata. Este último caso -conocido como el del “grupo de los siete”- tuvo como víctimas a los jóvenes Domingo Moncalvillo (hermano de la periodista Mona Moncalvillo), María del Carmen Morettini, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Salomone.
Un testigo clave de esos hechos, Luis Velasco, secuestrado junto a los siete pero liberado después relató que von Wernich había presenciado las torturas a las que habían sido sometidos y que luego, haciendo valer su condición de religioso, intentó convencerlos de que colaboraran con las fuerzas represivas, a cambio de salvarles la vida. Al mismo tiempo, se puso en contacto con los familiares de los jóvenes para prometerles que los ayudaría a salir del país hacia Brasil y les pidió dinero “para que los chicos puedan vivir cuando se vayan”. Una vez obtenido el dinero, los siete fueron ejecutados.
Otro testimonio clave fue el del policía Julio Alberto Emmed, quien lo ubicó como partícipe directo de tres asesinatos. “Los tiran a los tres sobre el pasto, el médico les aplica dos inyecciones a cada uno, directamente en el corazón, con un líquido rojizo que era veneno. Dos mueren, pero el médico da a los tres como muertos. Se los carga en una camioneta de la Brigada y los lleva a Avellaneda. Fuimos a asearnos y cambiarnos de ropa porque estábamos manchados de sangre. El padre von Wernich se retiró en otro vehículo. Inmediatamente, nos trasladamos a la Jefatura de Policía, donde nos esperaban el Comisario General Etchecolatz, el padre Christian von Wernich y todos los integrantes de los grupos que habían participado en el operativo. Allí, el cura Von Wernich me habla de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido. Me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país. Estas fueron sus palabras textuales”, relató.
En cuanto a la participación de von Wernich en las torturas, numerosos sobrevivientes lo identificaron claramente. Uno de ellos, Luis Velasco, relató que luego de ser salvajemente picaneado se atrevió a preguntarle qué sentía presenciando cuando torturaban a una persona; la respuesta del cura sonó como un latigazo: “Nada, no se siente nada”, le respondió.
También recordó que el cura justificaba las torturas y las ejecuciones clandestinas: “Ustedes tienen que pagar por los daños hechos a la patria con tormentos y muerte”, contó que le dijo en un momento.
El testigo Rubén Schell también lo identificó como el sacerdote que lo interrogó y torturó psicológicamente durante los 102 días que permaneció en el centro clandestino de detención de la Brigada de Investigaciones conocido como “Pozo de Quilmes”.
Otro sobreviviente que lo reconoció en la sala de torturas fue el ya fallecido director de La Opinión, Jacobo Timerman. De acuerdo con el testimonio de su hijo Héctor en el juicio, durante una de esas sesiones el capellán le sugirió al entonces jefe de la policía bonaerense, Ramón Camps, que “habría que matarlos a todos”, refiriéndose a la condición de judío del periodista.
Von Wernich negó su presencia y también quiso exculpar a Camps de haber torturado a Timerman. Lo hizo de manera extraña y volviendo a mostrar la hilacha: “Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce, vaya y pase... Pero cómo iba a torturar a Jacobo Timerman, un periodista sobre el cual hubo una constante y decisiva presión mundial... que si no fuera por eso...”, lo justificó
La condena a Christian von Wernich


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