El peronismo enfrenta el desafío de una tercera renovación, entre las aspiraciones presidenciales de Massa, Kicillof y Cristina Kirchner y la falta de propuestas superadoras.
16:01 | Sábado 10 de Octubre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Sergio Massa lanzó su candidatura presidencial. Me enteré en España, donde estoy de vacaciones y trato, sin alcanzar el éxito total en mi intento, desconectarme de todo lo que pasa en el país. Lo más llamativo de ese lanzamiento es que no lo hizo a través de un acto, como habitualmente hacen los candidatos ni a través de otros métodos más utilizados en los últimos tiempos, como puede ser un mensaje en X o una entrevista en algún medio de comunicación tradicional.
Massa utilizó, por primera vez en la historia política moderna, a un vocero indirecto, que hasta pudo desconocer la trascendencia que iba a tener su observación. Fue a través de la opinión de un tercero, un periodista y empresario mediático de extrema importancia como Daniel Hadad, quien en una entrevista en el canal América, donde el líder del Frente Renovador tiene muchos amigos, lo calificó como el dirigente más preparado y que aprende más rápido cualquier tema que debe abordar.
Mientras esto se daba, Carlos Bianco, el vocero de Axel Kicillof, dijo que el gobernador bonaerense no tendría ningún problema en competir contra Cristina Fernández de Kirchener en caso de que la justicia internacional habilite las pretensiones de su sector político que la pretende como candidata porque sino el peronismo quedaría proscripto.
Ambas opiniones, la de Hadad y la de Bianco, dan por tierra una de las excusas más importantes para romper o no participar de ninguna elección a los peronistas amantes de la ex presidenta. El peronismo no está proscripto. Tiene otros candidatos quienes, a su vez, mantienen algunas diferencias conceptuales y metodológicas entre sí, pero dicen representar los mismos proyectos que los expresados desde San José 1111.
Massa siempre fue el candidato peronista para el Círculo Rojo, sea partidario o “gorila”. Es la elección que prefieren aquellos que creen en el libre mercado y aceptan algunas regulaciones. Confían que el ex ministro de Economía de Alberto Fernández los escuche y siempre les encuentre una solución a sus preocupaciones. Al no tercerizar las decisiones, un simple WhatsApp o llamado personal destraba todo.
Kicillof es diferente. Prefiere delegar hasta el extremo y nada de lo que ocurre fuera de su despacho personal parece afectarlo y muchas veces, interesarle. Tampoco es de hacer llamados inquietantes o amenazantes. Ni siquiera con la prensa, donde no tiene demasiados amigos personales.
Pero en esta guerra sicológica librada entre ambos, hay una definición que aún Massa no dio. Qué pasaría si Cristina Fernández de Kirchner consigue lo que es imposible y alguna contingencia inexplorada hasta el momento le permite ser candidata a presidente. ¿El ex intendente de Tigre se le enfrentará como ya anticipó que sí lo hará Kicillof?
Las notificaciones, esas que obligatoriamente tenes que tener encendidas en Buenos Aires, se activan con menos frecuencia, pero el algoritmo sigue activo. Así me enteré de que Gabriel Katopodis oficializó, personalmente, de la manera más común en estos tiempos, que quiere ser candidato a gobernador bonaerense. No habló de Cristina Fernández de Kirchner, quizás no se lo preguntaron, y dejó en claro que mantendrá activos los proyectos iniciados por Kicillof. Tampoco le hicieron la pregunta de rigor. ¿Cuáles son?
Los habitantes de la Provincia de Buenos Aires aún se preguntan por qué en este territorio hay inseguridad galopante. Javier Alonso, jefe de la Policía, desatiende su principal obligación para caminar por los medios como vocero del proyecto del gobernador. Para peor, lo autorizan porque creen que declara bien. Además, sigue la pelea interna con lo que quedó guardado en los diferentes estamentos de su antecesor Sergio Berni, hoy transformado en el mayor opositor a la gestión provincial y candidato a todo. Al igual que lo que sucedió entre Cristina y Axel, en el que ella lo puso a él, Berni fue el que pidió y proyectó a Alonso en el lugar en el que está. Ahora no se hablan, como sucede entre la ex presidenta y el gobernador.
Salvo Joaquín De la Torre, que expuso una idea sobre qué hacer con la Provincia, ningún otro explicó sobre cuál es el motivo para que no funcione el sistema educativo, transformado en un albergue de niños en situación de precariedad social o la salud pública siga siendo tan penosa como siempre. Aunque en este punto hay una salvedad. Las urgencias se siguen atendiendo y los problemas de otro tipo de atenciones son peores en el sistema de atención privada.
Sin embargo, el problema de no explicar o comunicar qué quieren hacer en caso de volver al poder no es solo de Katopodis, que tiene muchos aspectos que lo emparentan con Kicillof, sobre todo en su aura de honestidad y su vida privada. No se suben en aviones privados ni participan de reuniones armadas para los auto agasajos, que ya es mucho en estos tiempos.
Ni Massa, ni Máximo Kirchner, en su función de exégeta de su madre, ni Sergio Uñac ni Kicillof pueden salir de la trampa de la oposición lisa y dura a Javier Milei. No pueden decir que volverán mejores, porque ya lo hicieron. Y los ejemplos locales o provinciales que los respaldan tampoco ofrecen demasiadas garantías de un próspero porvenir. A todos les es indispensable no solo un refresco. Deben ir hacia una tercera renovación.
La primera la hizo Antonio Cafiero sacándose de encima a Herminio Iglesias y la ortodoxia que llevó a Italo Lúder como candidato en 1983. Veinte años más tarde, el Frente Renovado fue una verdadera bocanada de oxígeno incorporando al PRO y al ARI en aquel freno a Cristina Eterna. Pero su líder, Massa, retrocedió sobre sus pasos para atender a los heridos y los terminó privilegiando, entre ellos a los ñoquis de la Cámpora.
Quizás en eso Kicillof tenga una pequeña pero gigante diferencia. Es el menos peronista de todos. No tranzó con nadie, siempre lo eligieron otros. Aparece sin compromisos ni ataduras preexistentes, sin empresarios ni casta que lo defienda. Pero, a su vez, es el más cerrado y enigmático idealista de principios económicos que para la opinión pública aparecen demasiados keynesianos, peleando contra molinos de viento como lo hace, desde el otro extremo, Javier Milei.