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Por qué la situación de Adorni se volvió insostenible. La preocupación de Caputo y Bausili. Los números de la economía y la interna entre los ministros.
Domingo 12 de Abril de 2026
08:38 | Domingo 12 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Incomodidad. Temor a preguntar. Silencio.
Los días en la Casa Rosada ya no son lo que eran. Atrás, muy atrás quedaron las liturgias del gozo del Gabinete, los abrazos filmados entre ministros y el mismísimo presidente de la Nación, a los saltos, que remitían más al frenesí de un viaje de egresados que a la solemnidad de una reunión de Gabinete. Ya nadie salta ni sonríe en lo más alto del Gobierno.
Se cumple un mes desde que el conductor del staff de ministros, Manuel Adorni, decidió ocultar a su esposa, Bettina Angeletti, en el Tango 01 que trasladó a la comitiva oficial a Nueva York. Una tormenta de denuncias por compras de propiedades y presunto enriquecimiento ilícito arrasa sobre él y la crisis se traslada a un Gobierno, que -por orden de Karina Milei- decidió jugar a fondo para mantener a Adorni en su puesto. Pero esa etapa de defensa férrea también empieza a sucumbir y afecta el rumbo de la gestión. La mayoría, por lo bajo, exige cambios. Todo se ha vuelto sospecha y desconfianza.
El affaire Adorni coincidió con ciertos temblores en la economía que venían de lejos, pero que resultan más evidentes en las últimas semanas, aun para los fanáticos del modelo libertario. El primer episodio que alteró al jefe de Gabinete se conoció la misma semana en la que el Indec difundió la inflación de febrero, del 2,9%, que marcó una suba consecutiva de nueve meses. Pasaron ya treinta días. El panorama se agravará el martes, cuando, por un lado, en los Tribunales de Comodoro Py se procesen los testimonios de las jubiladas prestamistas de Adorni y, por otro, el Indec revele los aumentos de marzo, que serán más altos que en los últimos diez meses y que dejarán en el olvido las proyecciones del Presupuesto aprobado a fin del año pasado, del 10,1% para todo 2026.
La inflación aumenta, las sospechas de corrupción se extienden (el lunes Ariel Lijo podría citar a indagatoria al ex titular de la Andis, Diego Spagnuolo, uno de los ex habitués de la Residencia de Olivos) y la actividad cae. Algunos datos de esa merma son más que inquietantes. La industria registró un fuerte retroceso en febrero, con una caída del 4% respecto de enero, y de 8,7% en la medición interanual. La construcción bajó 1,3% en febrero. El campo frenó la compra de tractores, cosechadoras y sembradoras. La cadena automotriz disminuye al 24% interanualmente, y el sector de alimentos y bebidas, que suele ser el más estable de la industria, anota una baja del 6,9%. Para el Estado también hay malas noticias. La recaudación tributaria acumuló en marzo una caída real (descontando la inflación) por octavo mes consecutivo, al retroceder un 4,4% interanual y 7,4% en el primer trimestre de 2026.
Hace exactamente un año, un desafiante Milei decía en la Fundación Libertad que la economía iba a crecer “como pedo de buzo”. El jueves pasado apeló a X, su red social favorita, para pedirle “paciencia” a la sociedad. No es mucho pero es algo. Acaso lo más parecido a una autocrítica.
El Presidente, muy a su pesar, comienza a ver que el modelo implacable que prometía, que el mundo envidiaba y quería copiar, requiere de correcciones. Lo que entra en discusión es el cuándo, el cómo y si será necesario reacomodar el Gabinete para las pulseadas que vienen. Por empezar, habría que designar un vocero. Adorni, como se ha visto en las últimas semanas, no está en condiciones de enfrentar preguntas elementales. El 1 de abril estaba prevista una conferencia de prensa y debió suspenderse para evitar un nuevo paso en falso. Esta semana corrió el rumor de que, ahora sí, habría una exposición. Al final ni siquiera se anunció.
Karina Milei concurrió el jueves al Congreso para presenciar la sanción definitiva de la reforma de la Ley de Glaciares, un éxito de los libertarios. Por primera vez lo hizo sin la compañía de Adorni. Karina entró sonriente al despacho de Martín Menem y luego se trasladó a las gradas. “Está yendo Karina al Congreso”, avisaron sus colaboradores. La secretaria General buscaba una foto, pero se llevó un cántico: “¿Dónde está? ¿Adorni dónde está?”, le gritaban desde las bancadas kirchneristas con tono de cancha. Los Milei siguen pensando que la oposición pretende la cabeza de Adorni. Mal olfato. Los más dañinos lo quieren firme en su puesto, si fuera posible, hasta el final del mandato y desfilando por Comodoro Py.
Frente al empresariado más afín, Luis Caputo y Santiago Bausili admiten que el ruido político los complica. No estaba en su planes. En el entorno del ministro de Economía y del presidente del Banco Central dicen que “algo hay que hacer” para no dilapidar los logros. Caputo y Bausili aspiran a que las tasas de interés continúen bajando para que haya más liquidez en la economía, mientras monitorean que el dólar se mantenga estable para evitar una disparada de la inflación. El Banco Central, al menos, aprovecha y suma reservas. El viernes adquirió US$ 457 millones y encadenó 64 jornadas consecutivas con saldo comprador
El ala política también anda a los saltos. Diego Santilli luce preocupado y así lo admite ante los gobernadores con los que tiene una relación de muchos años, quienes le reclaman fondos y le confían que en sus provincias mucha gente se queja de que no llega a fin de mes. Patricia Bullrich muestra diferencias hace tiempo y, pese a las fricciones con la hermanísima, acaba de plantear que Adorni quedó “muy tocado”. Hasta Santiago Caputo, aun desde la clandestinidad a la que intenta empujarlo Karina, deslizó entre los miembros de su equipo que, quién sabe, no todo marcha de acuerdo al plan.
Sandra Pettovello también da muestras de fastidio. La ministra de Capital Humano puede aceptar una foto con Adorni, pero no quiere que ningún escándalo la salpique. Ni aun cuando no se trate de un delito. Fue la primera, y la única, en echar a un funcionario por tomar un crédito del Banco Nación para la compra de una vivienda. Es interesante el caso de Leandro Massaccesi, su ex jefe de Gabinete. Pettovello lo echó apenas se enteró de que había tomado un préstamo, pero después hizo piruetas para explicar el motivo de su decisión.
La lista de miembros de La Libertad Avanza que tomaron créditos millonarios es tan larga que, internamente, hubo que sentar posición. Pettovello recibió varios llamados, algunos muy importantes, en los que le pidieron explicaciones por el despido. Es que, con su criterio, por ejemplo, Caputo debería haber expulsado del ministerio a Felipe Núñez, director del Banco de Inversión y Comercio Exterior, quien mantiene una deuda inicial de $373.000.000 con el Nación desde febrero de 2025 y a Federico Furiase, actual secretario de Finanzas, que registra un crédito de $367.059.000 desde agosto de 2025.
Pettovello les dijo a quienes la llamaron que ella, en rigor, había echado a Masaccesi porque, cuando le preguntó si había tomado un crédito, el funcionario se lo negó. O sea, aseguró que lo había despedido por una mentira y no por la toma del préstamo. No fue lo mismo que les dijo a algunos de sus amigos en las primeras horas de aquel episodio. A una de las partes no les dijo toda la verdad. Pettovello es la misma que, en los albores de la gestión, fue elogiada por exigirle la renuncia a una funcionaria que había comprado una cafetera de dos millones de pesos con plata del ministerio. El que las hace, las paga, era el lema. Otros tiempos.
La ministra escapó del libreto de nuevo esta semana. Capital Humano sacó un comunicado para avisar que tanto el PAMI como el área de Discapacidad no dependen de esa cartera sino de la de Salud, a cargo de Mario Lugones. ¿Por qué lo hizo? ¿No es una obviedad? “Se cansó de que le reclamen a ella lo que deberían hacer otros”, dijo uno de sus colaboradores.
Cuando le comentan estos episodios, el Presidente se enfada y le echa la culpa a los periodistas. Su obsesión con la prensa entró en su máximo nivel. Insulta con el mismo énfasis a cronistas que tienen hasta tres trabajos para llegar a fin de mes, a grandes editorialistas o a los dueños de los medios. El diario La Nación reveló que, durante las Pascuas, Milei difundió más de mil insultos contra periodistas en sus redes. En agosto de 2025, en la Fundación Faro, Milei había prometido públicamente que dejaría de insultar en público para que se pudiera “discutir el fondo y no las formas”. Se ve que estaba en campaña.
Hace un tiempo, el primer mandatario sostenía que entre el 80 y el 85 por ciento de los periodistas eran "delincuentes". Después elevó la cifra a 90%. Ahora habla del 95%. El número no para de crecer.
Subyace una curiosidad: ¿Quiénes serán esos periodistas tan honorables y despojados de cualquier interés que integran el selecto cinco por ciento? Qué misterio.
Por. Santiago Fioriti
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