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Gonzalo Granja recorrió más de 60.000 kilómetros a lo largo y ancho de la Ruta 40 para retratar 12 provincias, un sinfín de ecosistemas, y concientizar sobre la importancia de cuidar el ambiente.
Viernes 17 de Julio de 2026
08:50 | Viernes 17 de Julio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Cuando Gon Granja estacionó su vieja camioneta frente a su casa de Alta Gracia, Córdoba, creyó que la aventura había terminado. Había pasado más de un año durmiendo dentro del vehículo para recorrer más de 60.000 kilómetros de la Argentina, esperando “la luz perfecta” para fotografiar algunos de los paisajes más remotos del país. Sin embargo, el viaje apenas estaba empezando.
Durante los seis años siguientes, el fotógrafo cordobés transformó decenas de miles de imágenes y ocho terabytes de material en un libro que busca retratar la inmensa diversidad natural argentina y, al mismo tiempo, despertar conciencia sobre la necesidad de protegerla.
“Fueron 13 meses de viaje, pero seis años más de trabajo para convertir todo ese material en un libro”, contó Granja a TN sobre su obra: Argentina, un legado natural.
“Trabajé con geólogos, biólogos, un equipo de traducción, de diseño, una editora... Ahora todo tiene sentido, pero en ese momento lo sentí tan interminable como la Argentina”, sostuvo.

La historia de ese proyecto comenzó en 2019, cuando decidió recorrer el país siguiendo, en un principio, el trazado de la Ruta 40. Viajó desde La Quiaca hasta Ushuaia, sufrió la rotura del motor de su camioneta y, pandemia de por medio, fue modificando el recorrido cada vez que un poblador le señalaba un paisaje que “no podía dejar de conocer”.
“La ruta 40 mide 5190 km, pero tomé muchas rutas anexas, fue como coserla", dijo a TN.
Aquellos desvíos terminaron multiplicando el itinerario original y lo llevaron a recorrer doce provincias y más de 60.000 kilómetros. Durante ese tiempo, convirtió el auto en su casa para esperar la luz perfecta y retratar cada rincón en el momento exacto.
Pero detrás del viaje había una búsqueda mucho más personal.
Antes de dedicarse profesionalmente a la fotografía, Granja encontraba en las sierras un refugio. “Empecé a ir a la naturaleza para despejarme porque tenía mucho ruido en la cabeza y necesitaba encontrar respuestas”, recordó.
Con el tiempo descubrió que esos paisajes tenían un efecto que iba mucho más allá del descanso: “Cuando estaba en la naturaleza volvía mucho más tranquilo”.
Esa conexión terminó definiendo su forma de mirar. Frente a montañas, glaciares o salares que tardaron millones de años en formarse, empezó a relativizar las preocupaciones cotidianas: “Me devolvía perspectiva. Mis problemas pasaban a ser muy pequeños, me sentía ínfimo”, explicó.
Por eso sostiene que la naturaleza no es algo ajeno al ser humano, al contrario: “Somos parte de la naturaleza”.
Gon comenzó a llevar la cámara en sus salidas y, cuando volvía, veía que a otros les gustaban las fotos y que les generaban preguntas: “¿En serio esto está acá?”, le decían. Por eso concibe la fotografía de la naturaleza como “una invitación a salir y entender el valor de cuidar el ambiente”.
Para él se trata de “recuperar nuestra conexión con la naturaleza” y “dejar de verla simplemente como una expendedora de recursos”.
“La Argentina es interminable”
En su viaje por el país, Granja descubrió una variedad de paisajes y ecosistemas que no sospechaba: “Sabía que la Argentina era grande, pero nunca me imaginé que era interminable, que iba a ver las cosas que vi”.
Con el paso del tiempo, también cambió la idea que tenía sobre el libro. Al principio imaginaba una obra centrada en la Ruta 40. Después entendió que el verdadero protagonista era el territorio.
“Pensé que el hilo conductor iba a ser la Ruta 40, pero después entendí que lo importante no era el camino, sino lo que rodeaba el camino”, explicó.
La edición fue uno de los desafíos más difíciles. Después de revisar cientos de miles de fotografías, tuvo que decidir cuáles representarían cada ecosistema.
“En vez de mostrar muchas cascadas, preferí una que representara a todas. Lo importante era que el lector encontrara diversidad”, explicó sobre el proceso de selección.
El proyecto también tomó una decisión poco habitual: publicarlo de manera completamente independiente.
“Quise que no hubiera ninguna marca ni editorial detrás porque no quería que el mensaje se confundiera. Hacerlo autogestionado fue muchísimo más difícil, pero la satisfacción también es muchísimo más grande”, sostuvo Gon, que imprimió unos 3000 ejemplares.
Para el fotógrafo, el libro no pretende ser una guía turística ni una colección de postales. Busca generar una conexión entre los lectores y los paisajes argentinos.
“Argentina tiene una diversidad natural y unas distancias que hacen que uno podría pasarse varias vidas recorriendo”, afirmó.
Y agregó: “Lo que nos pasa es que la gente del norte muchas veces no conoce el sur, y la del sur no conoce el norte. Ojalá el libro ayude a acortar esas distancias”.
Según Granja, ese conocimiento es el primer paso para cuidar el patrimonio natural. “Para cuidar es necesario conocer. Primero hay que entender qué es lo que tenemos para poder valorarlo“, afirmó.
“No hace falta que la gente visite todos estos lugares; sí es muy importante que sepa que existen. Si el día de mañana alguien quiere explotar uno de estos lugares, es importante que la sociedad conozca el valor que tienen para poder levantar la voz”, profundizó.
“Ojalá las fotos sirvan para poder prestarnos los ojos, para poder ver más allá de lo que a diario vemos, para valorar de otra forma lo que nos rodea”, afirmó.
En el libro hay desde íconos naturales hasta lugares que siguen sin salir en una búsqueda de Google. Uno de los desafíos de Granja a la hora de retratar lugares muy populares fue tratar de mostrarlos “de una nueva manera”, como el glaciar Perito Moreno, que aparece reflejado en el ojo de su esposa, Maru.
En sus andanzas, Granja se cruzó con buena parte de la variada fauna argentina, desde llamas y ballenas hasta cóndores y animales en peligro de extinción como el huemul. También tuvo un encuentro con un puma que lo marcó a fuego. “El puma tiene una presencia que te inspira el respeto. Cuando me miraba a los ojos me salían preguntas que nunca me había hecho”, dijo sobre el felino.
En su opinión, el mensaje principal del libro es la conservación: “Lo que más deseo es que quien pase las páginas diga: ‘Qué increíble este rincón del mundo. Esto hay que protegerlo’”.
Durante los años que llevó terminar el proyecto también hubo momentos de incertidumbre. Gon hasta llegó a preguntarse si alguna vez lograría publicarlo. “No quería que terminara siendo archivos en un disco rígido. Los libros están hechos para leerse”, dijo el fotógrafo cordobés.
Entre las emociones que atravesaron ese proceso, hay una que fue especialmente significativa. “Llegué a pensar que capaz mis viejos no iban a poder ver este proyecto terminado. Por suerte pude darles un libro y agradecerles por todo lo que cultivaron en mí”.
Al final, el viaje nunca terminó, sino que continúa de otra manera. “Ahora viene otra parte que es hermosa, que es llevar el libro a todos lados, presentarlo y compartirlo”, sostuvo. Seguir tejiendo comunidad. “Lo que más me gusta de viajar es conectar con la gente del lugar”, afirmó.
Su deseo es presentar el libro en cada una de las provincias que aparecen en sus páginas. Porque, después de recorrer la Argentina durante más de un año con una cámara al hombro, Granja está convencido de que las historias no terminan cuando se baja el obturador. “Los libros están hechos para viajar mucho más que uno”, concluyó.
La naturaleza, un refugio








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1 COMENTARIOS
ELENA
| Viernes 17 de Julio de 2026
QUE HERMOSA EXPERIENCIA, Y QUE HERMOSO QUE PINTA DIOS! SI SOMO PARTE DE LA NATURALEZA, Y DEBERIAMOS AGRADECER TODOS LOS DIAS A NUESTRO DIOS POR TODOS SUS REGALOS. FELICITO A GONZALO GRANJA POR SU TRABAJO. BENDICIONES
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