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El martes 3 de noviembre Donald Trump se juega su futuro en unos comicios de medio término donde podría perder el control del Congreso. ¿Cómo puede repercutir en el gobierno de Javier Milei?
Domingo 01 de Noviembre de 2026
10:07 | Domingo 01 de Noviembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Estados Unidos, la principal potencia del mundo define su destino y, con eso, de gran parte del planeta, en particular, la Argentina.
Esa definición llega de la mano de unas elecciones de medio término que se llevarán a cabo el martes 3 de noviembre y que pueden representar el principio del final de Donald Trump. O, por el contrario, el fortalecimiento de la figura del presidente norteamericano.
Así, en blanco y negro, aunque con más chances de que el republicano se lleve una fuerte derrota. Por lo menos, eso dicen las encuestas.
Con una popularidad por el piso (en torno a un nivel de aprobación que parte del 30% y, como mucho, araña el 38% como techo, según los sondeos), la posibilidad concreta de que pierda las mayorías que hoy tiene en la Cámara de Representantes -donde se elige la totalidad de los 435 diputados- y quizá también en el Senado -que pone en disputa 35 escaños, un tercio de las bancas- está ahí, amenazante. Al acecho.
De la suerte de Trump también puede estar atada la del gobierno de Javier Milei, el presidente argentino que admira al estadounidense y que ha logrado favores económicos que, según distintos analistas, incluso le permitieron obtener una ventaja en las elecciones legislativas de 2025 con un apoyo financiero de 20.000 millones de dólares.
Un mal resultado del republicano puede agitar las propias urgencias internas trumpistas, postergar sus “rescates” a gobiernos amigos y ralentizar sus alianzas internacionales.
Es cierto que las derrotas de los oficialismos son muy comunes en las elecciones de medio término de los Estados Unidos: en 37 de los 41 casos que se celebraron desde 1864, la oposición ganó en la Cámara de Representantes. Incluso muchos presidentes en ejercicio obtuvieron su reelección pese a haber sido derrotados en las legislativas dos años antes. Pasó, por ejemplo, con Ronald Reagan, Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden.
Pero para Trump ese reflejo puede traer peores perspectivas: en 2018 perdió las legislativas y, dos años después, fue derrotado por Biden en las elecciones presidenciales de 2020.
Si bien esta es la última Presidencia a la que Trump puede aspirar -no podría competir en 2028- la posibilidad de que pierda activaría el síndrome del “pato rengo”, es decir, una vulnerabilidad política en sus últimos dos años de mandato, con un poder que se diluye y se escurre entre sus manos. Y con sus enemigos, propios y ajenos, al acecho.
En estos comicios en los Estados Unidos hay 250 millones de ciudadanos habilitados para votar.
De ellos, 39 millones son latinos, constituyendo un peso específico muy fuerte que alcanza al 16% del padrón nacional.
Hasta el sábado habían votado de manera anticipada -vía correo o presencial- unos 48 millones de personas, lo que equivale al 19,2% del total.
Entre los votos anticipados, el 46% correspondió a demócratas registrados, el 31% a republicanos y el 23% restante a independientes y otras categorías.
Una curiosidad fue que entre los que votaron anticipadamente por correo figura Robert Francis Prevost, o sea, el Papa León XIV, quien –como cuando era obispo en Perú- ejerció su derecho desde el Vaticano para elegir autoridades en su país de origen, EE.UU. Será la primera vez que vote un Sumo Pontífice.
Como se mencionó, en esta oportunidad se elige a la totalidad de la Cámara de Representantes, 385 diputados (cuyo mandato dura 2 años). Y un poco más de un tercio del Senado: 35 bancas (sobre 100) entre las que están incluidas dos especiales, las que dejaron vacantes el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio (los mandatos de los senadores se extienden por 6 años).
Además, habrá comicios para las gobernaciones de 36 estados (y 3 territorios estadounidenses: Guam, Islas Marianas del Norte e Islas Vírgenes) y elecciones legislativas locales. A eso hay que sumar fiscales, sheriffs, representantes de juntas escolares, entre otros cargos.
Pero las miradas van a estar puestas sobre todo en el Capitolio nacional y lo que ocurra con los gobernadores, no sólo por la gobernabilidad a futuro de Donald Trump sino también porque de allí puede asomar el próximo inquilino de la Casa Blanca en el período 2029-2033.
De acuerdo a los últimos sondeos, los republicanos corren serios riesgos en ambas Cámaras del Capitolio, pudiendo ver diluido el dominio que hoy ejercen.
Es altamente probable que vean escaparse la mayoría que detentan en la Cámara de Representantes: actualmente tienen 218 escaños, a los que hay que sumar un diputado independiente que siempre vota con el oficialismo, contra 214 de los demócratas.
Las encuestas señalan que no le resultará difícil a la oposición quedarse con el puñado de bancas adicionales que necesitan para formar mayoría.
De hecho, según una proyección realizada por la Universidad de Harvard, los demócratas tienen un 94% de posibilidades de obtener la ventaja en ese cuerpo, consiguiendo alrededor de 26 escaños de diferencia.
Hoy la oposición cosecharía alrededor del 54% de los votos nacionales para la Cámara de Representantes.
En tanto, en el Senado la situación puede no resultar tan adversa para Trump: hoy los republicanos cuentan con 53 bancas en la Cámara Alta contra 45 demócratas (que suelen ser respaldados por otros dos independientes).
Hay expertos que señalan que podría ser que el resultado de los comicios del martes 3 de noviembre arroje una paridad 50 a 50 en el Senado y que, con eso, el vicepresidente JD Vance -titular de la Cámara Alta- cuente con el voto de desempate en favor de los republicanos, cobrando un protagonismo central en los dos años que le restan a Trump.
Y fortaleciendo así su figura como potencial sucesor en el Salón Oval, algo que ya lo tiene como favorito en las encuestas, superando a Marco Rubio que aparece segundo entre los virtuales postulantes republicanos.
Por otro lado, la proyección realizada por la Universidad de Harvard señala que existe un 75% de posibilidades de que los demócratas también tomen el control del Senado.
Y que podrían quedarse con 53 bancas en ese cuerpo. Lo que sería un golpe letal para Trump ya que perdería ambas Cámaras.
Sin embargo, en el Senado la disputa parece más pareja y nadie se quiere arriesgar a pronosticar con certeza qué puede pasar porque hay distritos como Kansas, Iowa, Maine, Ohio, Alaska, Michigan y hasta Texas (bastión republicano) donde el final aparece abierto y los sondeos muestran una gran paridad entre los candidatos.
Lo que sí resulta evidente es que la pérdida de al menos uno de los dos órganos legislativos le puede trabar las iniciativas a Trump y él debería recurrir al uso de más “órdenes ejecutivas” (decretos) para gobernar, algo que no es bien visto por amplios sectores de la sociedad y que suele recibir fallos adversos en la Justicia.
En ese panorama, los demócratas ponen en juego 13 bancas en el Senado (de las 45 que poseen), mientras que los republicanos llevan a la cancha 22 (de 53).
Es decir que Trump y compañía enfrentan un riesgo mayor que sus rivales en la Cámara Alta. Y, como en la Cámara de Representantes se elige la totalidad de sus miembros y allí hoy los republicanos son mayoría, también el oficialismo tiene más para perder que para ganar en ese cuerpo.
Es decir, Trump se somete a una suerte de plebiscito o referéndum determinante sobre su cuestionada gestión y, además, se podría enfrentar a un escenario muy complejo hasta el final de su mandato.
Su grado de desaprobación se basa especialmente en la situación económica de los hogares y el aumento del costo de vida, en particular por la suba descomunal del precio del combustible desde que comenzó la guerra en Medio Oriente, el 28 de febrero de este año.
Los ataques de los Estados Unidos de Donald Trump y del Israel de Benjamín Netanyahu contra Irán y la respuesta de esa nación persa contra otros países petroleros aliados a Occidente y el cierre del Estrecho de Ormuz dispararon el precio del crudo y del gas a nivel mundial, lo que repercutió en los bolsillos de los estadounidenses que ahora van a votar.
Para graficarlo: entre abril y septiembre la inflación fue del 3,67%, un índice exorbitante para los EE.UU., de la mano de la suba del precio del galón de combustible que se ubicó en 4 dólares en el promedio nacional.
Eso, sumado a otros escándalos en materia política (nacional e internacional) y judicial, además de su estilo provocador y confrontativo, a veces sobrepasando los límites de lo que dictan las leyes, son elementos que se ponen en juego en estos comicios determinantes para Trump. Y para el mundo.
Los demócratas, en tanto, deberán afrontar una elección donde medirán a sus potenciales candidatos para la Presidencia.
En ese sentido, quien encabeza las mediciones es la ex vicepresidenta Kamala Harris, pese a haber sido derrotada en las últimas elecciones por Donald Trump.
Los demócratas tienen el desafío de reconstruir su credibilidad pública y la deteriorada imagen de una gobernabilidad débil que dejó el final del mandato de Joe Biden.
Además, el PD debe ver cómo salda sus pujas internas entre los sectores más conservadores de su espacio y una ala juvenil mucho más combativa y hasta “socialista”, según algunos posicionamientos.
El impacto en la Argentina
Como se mencionó antes, estas elecciones de medio término en los Estados Unidos no sólo tendrán impacto en la principal potencia del planeta sino también en todo el mundo.
Y, en especial, en Argentina, donde el alineamiento incondicional del gobierno de Javier Milei con la Casa Blanca resulta un hecho insoslayable.
Una potencial caída de Trump puede resultar letal para el libertario argentino por la referencialidad política e ideológica que cultiva con el republicano.
Y mucho más después del triunfo de Luiz Inácio “Lula” Da Silva en Brasil (que venció a Flávio Bolsonaro, el aliado de Milei), sumado al enorme interrogante que se abre sobre la continuidad o no de Netanyahu en Israel, luego de unas elecciones en las que quedó muy lejos de los números para formar gobierno.
La apoyatura internacional de Javier Milei está en problemas. Y, con eso, surge una pregunta concreta: ¿cómo repercutirá en el país el resultado de los comicios estadounidenses?
Eduardo Amadeo, ex embajador argentino en los Estados Unidos, plantea que “es obvio que una eventual derrota republicana va a exigir esfuerzos adicionales para la diplomacia argentina con Estados Unidos, pero de ninguna manera puede pensarse que este país va a dejar que la Argentina pierda los avances que ha logrado en términos de comunidad de intereses estratégicos con ese país durante la presidencia de Javier Milei”.
En una columna escrita para la Agencia Noticias Argentinas, Amadeo sostuvo: "Va a resultar difícil para Estados Unidos aislarse de la corriente de derecha que domina hoy una parte de la mayoría de América Latina, sobre todo considerando que sus líderes no son comunicadores pacíficos, sino que tienen posiciones muy jugadas en numerosos temas críticos para la relación de la región con el país norteamericano”.
Distinta es la mirada del ex canciller Jorge Taiana, quien señaló–en otra columna publicada en NA-: “Para la Argentina, estos comicios adquieren especial importancia en un mundo cada vez más multipolar, en el que Estados Unidos, pese a conservar su enorme poderío militar, financiero y tecnológico, enfrenta un declive relativo de su hegemonía. La competencia con China y la disputa por los recursos estratégicos refuerzan su accionar injerencista para reafirmar el control sobre lo que denomina Hemisferio Occidental, una orientación que se traduce en mayores presiones económicas, políticas y militares sobre América Latina”.
El actual diputado de Unión por la Patria agregó: “El alineamiento automático de Milei con Trump y Netanyahu subordina nuestra política exterior a los intereses y al destino político de gobiernos extranjeros, limita la capacidad de diversificar nuestras relaciones internacionales y debilita los vínculos regionales, precisamente cuando las transformaciones del mundo exigen que haya mayor integración regional para fortalecer capacidades productivas, científicas y tecnológicas propias y ampliar nuestros márgenes de autonomía”.
En tanto, José Octavio Bordón, quien también se desempeñó como embajador argentino en Washington, apuntó: “La política del presidente Milei es de un alineamiento automático y personal con el presidente Donald Trump, acompañada de una pérdida de prioridad en la relación con nuestros vecinos y caracterizada por las simpatías o antipatías con los circunstanciales presidentes elegidos democráticamente. Hay un bajo interés por continuar y profundizar las relaciones con nuestros vecinos. Nunca, desde el retorno a la democracia en 1983, la política exterior argentina estuvo tan automáticamente subordinada a la de otro gobierno”.
Bordón argumentó: “Debemos desarrollar una política exterior integral, con ‘Multipolarismo Vinculante’, proporcionada y constructiva con los Estados Unidos, con quienes tenemos más de dos siglos de relaciones diplomáticas ininterrumpidas. Una relación que contribuya a la paz y al desarrollo de Argentina y sus vecinos del ‘Fin del Mundo’, como metafóricamente se refirió al asumir el Papa Francisco”.
En ese sentido, Alejandro Díaz, CEO de Amcham, remarcó: “La relación entre la Argentina y los Estados Unidos tiene una historia que trasciende a los gobiernos de turno en los dos países. La presencia de empresas estadounidenses en la Argentina, muchas con más de un siglo en el país, se sostuvo a lo largo de administraciones de todos los signos políticos. Del mismo modo, la seguridad de las cadenas de suministro y el acceso a minerales críticos son prioridades estratégicas que van más allá de una gestión”.
El CEO de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina, asociación que agrupa a más de 690 empresas de 27 rubros (que representan el “28% del PBI argentino, el 39% de la recaudación fiscal, el 45% de las exportaciones y el 35% de las importaciones”), agregó ante NA: “En un mundo que reorganiza sus cadenas de valor, la Argentina tiene recursos que interesan a Estados Unidos más allá de quién gobierne. Por eso, desde AmCham, insistimos en que el vínculo no puede depender de la coyuntura, cualquiera sea el resultado electoral de noviembre de 2026 en los Estados Unidos”.
Así las cosas, el mundo está atento frente a estas elecciones cruciales que impactarán con todo en la principal potencia planetaria y, por ende, en todos los países del globo. Independientemente de quién lo gobierne y cómo estén parados frente a los Estados Unidos de Norteamérica.
Y es que la suerte de Donald Trump se pone en juego. Se plebiscita su reinado, sus paradigmas, sus improntas, sus contradicciones.
Un referéndum determinante hacia dentro de los Estados Unidos, pero con proyección universal. Incluso en un país muy lejano llamado Argentina.
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