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El kirchnerismo endurece el discurso frente a Alberto Fernández y Sergio Massa para resguardar su electorado bonaerense

Mientras avanzan sobre los sectores del Gabinete que aún controla el Presidente, muestran desconfianza ante el ministro de Economía

Domingo 09 de Octubre de 2022

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08:42 | Domingo 09 de Octubre de 2022 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

El kirchnerismo decidió endurecer su discurso frente al debilitado presidente Alberto Fernández y al flamante ministro Sergio Massa, de quien desconfían. En un clima de fin de año complicado por la escalada de la conflictividad social y sindical, el objetivo de fondo es resguardar el caudal electoral del espacio duro del Gobierno de cara a las próximas elecciones. Cristina y Máximo Kirchner tienen cada vez menos expectativas de llegar a las generales de 2023 lo suficientemente fuertes como para retener el poder a nivel nacional, y aspiran, como mínimo, a fortalecer el voto propio y pelear el avance de la izquierda en la Provincia de Buenos Aires.

 

En la Cámpora admiten que el Presidente recibió una herencia económica complicada de Mauricio Macri y que la pandemia trastocó todos los planes durante el primer tramo de mandato, dos argumentos harto repetidos desde la Casa Rosada para justificar la crisis. Pero aún no le perdonan a Alberto Fernández el ritmo que le imprimió a la gestión, y con cada mes que transcurre, se convencen de que cada una de las intervenciones de Cristina Kirchner, desde la condena contra los “funcionarios que no funcionan”, al pedido de que “agarre la lapicera”, fueron acertadas.

 

Si bien Alberto Fernández cedió, restringió sus actividades y bajó el tono político de sus discursos, en el kirchnerismo creen imperioso terminar de avanzar, antes de fin de año, sobre los últimos bastiones que le quedan a la Casa Rosada. Es decir, los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Social, que comandan Claudio Moroni y Juan Zabaleta.

 

En el caso del primer ministro hay, nuevamente, resistencia de parte de Alberto Fernández, esta vez envalentonado por el apoyo de la CGT de los gordos. “No se va a ir, que nadie se preocupe”, dijeron el viernes en Balcarce 50, después de casi diez días de desgaste contra el amigo del Presidente.

 

Sin embargo, admiten que están en alerta. Los inquieta que, en un fin de año complicado, la Cámpora haya instaurado una alianza, por ahora provisoria, con Pablo Moyano. En especial porque el camionero adoptó, más visiblemente en el último tiempo, una línea combativa, dura en comparación con el perfil dialoguista de sus pares de la central sindical, Héctor Daer, de Sanidad, y Carlos Acuña, el jefe de los trabajadores de Estaciones de Servicio, ambos cercanos a Alberto Fernández.

 

La unión de la Cámpora con el moyanismo se verá condensada en el acto que preparan juntos en la Plaza de Mayo, y que inquieta particularmente a la Casa Rosada. Mientras intentan defender a Moroni y negocian para ubicar a un referente propio en lugar de Juan Zabaleta, que ya tiene decidido regresar a Hurlingham, buscan disuadir a La Cámpora de la exclusión del primer mandatario del acto por el Día de la Lealtad.

 

Para la icónica fecha, el destino del Presidente es incierto. Aún existe la posibilidad de que viaje a Tucumán para participar del acto de los gobernadores del PJ, o de que busque el abrazo de los gordos de la CGT, que tendrán su propia demostración de fuerza en el Estadio Obras. Pero el escenario ideal en el círculo de Olivos, dicen, es evitar que las divisiones del Frente de Todos queden a la luz del día en la jornada anual de importancia central para el peronismo.

 

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