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Los gobernadores de Buenos Aires y La Rioja viajaron al sur, compartieron vigilia, acto oficial y foto. Máximo Kirchner habló desde Buenos Aires y tiró un mensaje para la interna: "El parteaguas no es un nombre ni un apellido"
Viernes 03 de Abril de 2026
08:08 | Viernes 03 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El peronismo necesitaba una fecha y la encontró. El 43° aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas le dio al PJ el marco solemne que la política de oposición todavía no tiene por sí sola, y Tierra del Fuego se convirtió este jueves y viernes en el primer gran punto de encuentro del armado peronista de cara a 2027. Gobernadores, diputados, senadores, intendentes y dirigentes de distintas tribus del espacio confluyeron en la provincia más austral del país con una mezcla de protocolo y construcción política que nadie se molestó en disimular demasiado.
Los protagonistas centrales fueron Axel Kicillof y Ricardo Quintela. El gobernador de Buenos Aires y el gobernador de La Rioja, dos figuras que en los últimos meses se convirtieron en las voces más confrontativas del peronismo frente al gobierno de Javier Milei, compartieron la vigilia del jueves en Río Grande y el acto oficial del viernes en Ushuaia. Los recibió el anfitrión, el gobernador fueguino Gustavo Melella. Al final, los tres posaron para la foto junto al intendente capitalino Walter Vuoto. La imagen circuló rápido.
Kicillof en modo campaña
El viaje de Kicillof a Tierra del Fuego es el primero que realiza fuera de la provincia de Buenos Aires en lo que va del año. En su entorno se encargaron de aclarar que la presencia del gobernador bonaerense respondía a la fecha histórica. Pero las actividades que desplegó durante las 48 horas en el sur cuentan otra historia.
Antes del acto oficial, Kicillof se reunió con el intendente de Tolhuin, Daniel Harrington, con quien firmó el primer convenio federal de su programa «Puentes». Su llegada a la vigilia de Río Grande fue, según describieron quienes estuvieron, más parecida a un acto de campaña que a una visita protocolar. Viajó acompañado por cuatro ministros y su asesor general de gobierno, una comitiva que no suele ensamblarse para actos meramente conmemorativos.
Días antes, Kicillof había estado en Montevideo, donde compartió agenda con el ex ministro de Hacienda de Brasil Fernando Haddad y se mostró con el presidente uruguayo Yamandú Orsi. El perfil regional se combina con la construcción nacional. El gobernador bonaerense está en movimiento.
Frente a la prensa en Ushuaia, Kicillof no dejó dudas sobre el encuadre político del viaje. «El Gobierno nacional expresa el desprecio por el federalismo y la soberanía de muchas maneras: nuestras islas no son un tema del pasado, tienen que ver con el presente, con el futuro y con los recursos que están en juego», dijo. Y agregó que quienes se reunieron en Tierra del Fuego son «dirigentes que soñamos con una Patria justa, libre y soberana». La oposición al modelo Milei quedó planteada en términos de soberanía, un terreno en el que el peronismo se siente cómodo.
Quintela, La Rioja y la causa que «nos une»
Ricardo Quintela viajó acompañado por la vicegobernadora Teresita Madera y la senadora nacional Florencia López. Su presencia en Tierra del Fuego no es casual: el gobernador riojano viene consolidando en los últimos meses un perfil de oposición frontal al gobierno nacional, combinado con una construcción política propia dentro del PJ que lo diferencia tanto del cristinismo puro como del peronismo más moderado.
En Ushuaia, Quintela alineó su discurso con el de Kicillof pero le agregó la dimensión federal que es su marca registrada. «Malvinas es una causa que nos duele, pero también nos une y nos marca un camino. No podemos hablar de soberanía si no construimos un país más justo, más federal, donde cada argentino y argentina tenga oportunidades», dijo. La mención al federalismo en boca de un gobernador que reclama más de 1.200 millones de dólares al Estado nacional en la Corte Suprema tiene una densidad política específica.
La Cámpora estuvo, pero separada
No todo el peronismo se movió en bloque. Mientras Kicillof y Quintela estaban en Río Grande, a 200 kilómetros, en Ushuaia, la diputada provincial y ex intendenta de Quilmes Mayra Mendoza —referente de La Cámpora— se reunía con el intendente capitalino Walter Vuoto en un encuentro paralelo al que también asistió el diputado nacional santacruceño Juan Carlos Molina. Todos referenciados en Cristina Kirchner.
La distancia geográfica entre las dos reuniones simultáneas era también una distancia política. El cristinismo duro y el espacio que construyen Kicillof y Quintela comparten el rechazo al gobierno de Milei pero no tienen resueltas las tensiones internas que quedaron abiertas tras la disputa por la conducción del PJ el año pasado.
El viernes, sin embargo, todos confluyeron en el acto central y la foto conjunta. La unidad de las fechas patrióticas tiene esa capacidad: juntar lo que la política separa, al menos por unas horas.
Máximo desde Buenos Aires: el mensaje para la interna
Máximo Kirchner no viajó al sur. Participó de un acto en el barrio porteño de Paternal, donde se inauguró un mural en homenaje a los combatientes. Pero desde ahí lanzó un mensaje que nadie en el peronismo leyó como una casualidad: «Muchas veces buscan dividirnos bajo falsos antagonismos y lo que tenemos que tener muy en claro de aquí en adelante es que el parteaguas no es un nombre ni un apellido, sino si se defiende la patria o si no se la defiende».
La frase apunta a desactivar la lectura que convierte la tensión entre Kicillof y el kirchnerismo más duro en una disputa de personas. Máximo propone un criterio ideológico, no personal. Es también una advertencia hacia adentro: el que defina el parteaguas por nombres propios está, implícitamente, equivocándose.
Un aniversario que fue más que un aniversario
Lo que ocurrió en Tierra del Fuego este fin de semana es un primer ensayo del peronismo como oposición organizada. Todavía sin candidatos, sin programa unificado y con tensiones internas sin resolver, el espacio encontró en Malvinas el pegamento simbólico que la política todavía no provee por sí sola.
La próxima prueba será ver si lo que se construyó en Ushuaia —la foto de Kicillof, Quintela, Melella y Vuoto, las conversaciones en los pasillos, los convenios firmados al margen del protocolo— tiene continuidad cuando el calendario vuelva a la rutina y las diferencias internas vuelvan a la superficie.
Por ahora, el peronismo tiene una imagen del sur y un mensaje que repitió en distintas voces: soberanía, federalismo, justicia social. Falta saber quién lo va a encarnar en 2027. Y eso, en Ushuaia, no se resolvió.
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