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Maída Vaz Fialho fue sometida a torturas y amenazas por su pareja, que murió al enfrentarse con la policía cuando la vinieron a rescatar.
Miércoles 10 de Junio de 2026
11:44 | Miércoles 10 de Junio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La vida de Maída Vaz Fialho cambió para siempre el jueves pasado. Después de pasar 15 años en cautiverio en una comunidad ribereña de Macapá, en el estado de Amapá, Brasil, fue rescatada junto a sus dos hijos y pudo dejar atrás una historia marcada por la violencia, el miedo y el aislamiento.
El operativo de rescate se activó cuando médicos de la zona detectaron heridas y cicatrices en el cuerpo de Maída, señales claras de maltrato.
Al llegar a la comunidad de Rio Fugido, la policía fue recibida a tiros por Vailson Pinheiro de Carvalho, su pareja y agresor, de 34 años. Los agentes respondieron y el hombre murió en el enfrentamiento.
Maída conoció a Vailson cuando tenía apenas 14 años. Vivían en comunidades cercanas y comenzaron una relación que, al principio, no mostraba señales de violencia. Pero con el tiempo, todo cambió.
Las agresiones se volvieron parte de su vida cotidiana. “Las cicatrices son recientes y otras ya son antiguas. Él agarraba el machete y me cortaba. Pero no era siempre. También me pegaba con la mano”, contó Maída, que mostró las marcas que le quedaron en la piel.

Las golpizas y los cortes volvían cada vez que las heridas sanaban. El detonante podía ser cualquier cosa: desde una comida que no le gustaba a su pareja hasta el consumo de alcohol.
El miedo fue una constante. Vailson la amenazaba de muerte si se atrevía a denunciarlo. “Decía que si hablaba, iba a matar a mi mamá, a mis hijos y a mí”, contó Maída. Por eso, nunca pidió ayuda.
La pareja tuvo cuatro hijos, pero solo dos vivían con ellos: una adolescente de 15 años y un nene de 4. Para salir de la casa, incluso para hacer compras básicas, Maída debía estar acompañada por su marido. No podía hablar con nadie, ni siquiera con vecinos o amigos, y no tenía acceso a internet.
“Yo no tenía celular. Cada vez que compraba uno, él lo rompía. Me pegaba, me cortaba el pelo y no quería que hablara con nadie”, recordó.
El calvario terminó cuando, tras una agresión especialmente brutal, Maída tuvo que buscar atención médica en una comunidad cercana. Los médicos, al ver las lesiones, tomaron fotos y denunciaron el caso a la policía. Esa decisión fue clave para que finalmente pudiera ser rescatada.
Tras el rescate, Maída recibió atención de organismos de protección a la mujer en Amapá. Luego, volvió a vivir con su familia en Melgaço, en el estado de Pará, junto a sus hijos.
Ahora, intenta reconstruir su vida después de años de violencia y soledad. “Me siento libre. Me siento como un pajarito libre. Puedo salir a donde quiera. Puedo hacer lo que quiera, puedo trabajar en paz. Puedo dormir cuando quiera también. Puedo hacer todo lo que siempre quise hacer”, expresó con emoción.
Amenazas, aislamiento y control absoluto
El día que todo cambió

Un nuevo comienzo: “Puedo hacer lo que quiera”
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