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La instalación subterránea, excavada junto a Natanz y protegida por cientos de metros de roca, podría quedar fuera del alcance incluso de las bombas antibúnker más poderosas de Estados Unidos
Martes 14 de Julio de 2026
11:12 | Martes 14 de Julio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La amenaza fue directa y dejó pocas dudas sobre el próximo objetivo que Estados Unidos tiene en la mira. “Vamos a destruir Pickaxe Mountain. Díganles a los iraníes que estén preparados”, advirtió el presidente Donald Trump.
La frase volvió a colocar bajo los reflectores a Kuh-e Kolang Gaz La, una montaña situada junto al castigado complejo nuclear de Natanz y conocida por Washington como Pickaxe Mountain —“Montaña del Pico”—, que alberga una de las instalaciones subterráneas más misteriosas, profundas y fortificadas de Irán.
“Probablemente le demos un golpe relativamente pronto”, anticipó Trump durante una entrevista con el programa radial de Hugh Hewitt, en medio de una nueva escalada militar entre Estados Unidos y la República Islámica.
El mandatario aseguró que Washington vigila estrechamente el complejo, aunque afirmó que por el momento no se detectó actividad allí. “Cada vez que escuchamos algo, lo volamos. Por eso no les gusta hablar del tema”, desafió.
La instalación se encuentra aproximadamente 1,5 kilómetros al sur de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, en la provincia central de Isfahan, y unos 320 kilómetros al sur de Teherán. Desde el inicio de las obras, en 2020, su función exacta permanece rodeada de interrogantes.
El gobierno iraní sostiene que el complejo fue concebido para fabricar centrifugadoras avanzadas destinadas a su programa nuclear civil. Sin embargo, Teherán nunca permitió que los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) accedieran a las instalaciones, lo que alimentó las sospechas de Estados Unidos, Israel y otros gobiernos occidentales.
Una de las principales hipótesis es que Irán podría utilizar el sistema de túneles para instalar una planta de enriquecimiento de uranio no declarada o para resguardar materiales, centrifugadoras y otros componentes esenciales de su programa atómico frente a posibles bombardeos.
Las imágenes satelitales muestran un enorme perímetro de seguridad conectado con el sistema defensivo de Natanz, caminos asfaltados y varios accesos excavados directamente en la roca.
La montaña se eleva unos 1600 metros sobre el nivel del mar y alberga al menos dos grandes complejos de túneles. Su tamaño y profundidad la convertirían en una instalación todavía más difícil de atacar que Fordow, la planta iraní de enriquecimiento construida dentro de una montaña y alcanzada anteriormente por bombas antibúnker estadounidenses.
Análisis independientes detectaron durante los últimos meses trabajos de construcción, mejoras en la seguridad y movimientos de vehículos en torno a los accesos. El Institute for Science and International Security, con sede en Washington, señaló que las obras parecían encontrarse en una etapa avanzada, aunque no observó señales concluyentes de una rápida ampliación del complejo.
Otros análisis satelitales identificaron la construcción de una muralla alrededor del perímetro y actividad en distintos portales situados al este, oeste y sur de la montaña.
Las dudas aumentaron después de que nuevas imágenes mostraran movimientos de camiones y maquinaria pesada en las carreteras que conducen a los accesos occidentales. Según los especialistas, esa actividad podría indicar que continúan las obras dentro de los túneles y los trabajos destinados a reforzar sus entradas.
La falta de acceso internacional impide determinar qué ocurre realmente en el interior. La AIEA tampoco ha podido verificar con precisión la cantidad, ubicación y composición del uranio enriquecido iraní ni el estado de numerosas centrifugadoras y equipos relacionados con el programa nuclear.
Entre las principales preocupaciones se encuentra el destino de cientos de kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel próximo al 90% requerido para fabricar armas nucleares. Algunos expertos consideran posible que una parte del material haya sido trasladada a complejos subterráneos para protegerla de los ataques, aunque no existen pruebas públicas concluyentes de que se encuentre en Pickaxe Mountain.
A diferencia de Natanz, Fordow y otras instalaciones nucleares iraníes alcanzadas durante operaciones militares anteriores, Pickaxe Mountain nunca fue atacada.
La explicación podría ser fundamentalmente técnica: el complejo habría sido construido a tal profundidad que incluso las armas convencionales más poderosas del arsenal estadounidense tendrían enormes dificultades para destruir sus cámaras internas.
Estados Unidos utilizó contra Fordow bombas GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, proyectiles de unas 13 toneladas diseñados especialmente para perforar tierra, roca y estructuras de hormigón antes de explotar.
Pero Pickaxe Mountain podría representar un desafío muy superior. Los túneles están protegidos por una enorme masa de roca granítica y, según evaluaciones citadas por Reuters, sus sectores más profundos estarían fuera del alcance incluso de las bombas antibúnker estadounidenses más potentes.
Por eso, una operación contra el complejo podría requerir ataques repetidos contra sus accesos, sistemas de ventilación, comunicaciones y suministro eléctrico, con el objetivo de bloquear las entradas o inutilizar las instalaciones sin alcanzar necesariamente las cámaras interiores.
La amenaza contra la montaña se produjo mientras Trump anunciaba el restablecimiento del bloqueo estadounidense sobre la navegación iraní en el Golfo y prometía mantener abierto el estrecho de Ormuz. El presidente también anticipó nuevos ataques contra Irán.
“Vamos a golpearlos muy fuerte esta noche y mañana”, afirmó. Y advirtió que Teherán no podría impedirlo.
Fuera del alcance de las bombas

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