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Marcelo Cappi recordó a Fernando, reconstruyó el accidente en la laguna Setúbal y destacó la pasión con la que vivía. “Era un obsesivo de la seguridad”, aseguró.
Martes 11 de Agosto de 2026
08:53 | Martes 11 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
“Vos tenés que vivir más intensamente”, le solía decir Fernando Cappi a Marcelo, su hermano mayor. Es que, para él, había una única forma de transitar la vida: con una sonrisa de par en par y de manera apasionada.
El “Chino” -apodo con el que todos lo conocían- era deportista nato, siempre le gustó hacer actividades. Hace más de 12 años, recién en sus veintis, le preguntó a su hermano si lo acompañaba a probar suerte en kitesurf. “Empezó a hincharme con que vayamos a las clases, a mí que soy cero deportista. Fui a las dos primeras prácticas y abandoné, él siguió y se volvió un experto”, contó en diálogo con TN.
Ese fue el puntapié inicial para empezar su camino en esa disciplina y convertirse años después en un referente a nivel nacional. Por eso, la comunidad santafesina se mostró sumamente conmovida al conocerse el trágico accidente que protagonizó mientras practicaba en la laguna Setúbal.
El jueves, después de la tormenta, vio que el clima mejoraba y consideró que el viento estaba óptimo para salir a dar unos saltos. Así que pasó a buscar a su novia y fueron juntos hacia la zona del paraje El Chaquito.

Estuvo alrededor de una hora navegando y disfrutando en el agua como tanto le gustaba. Sin embargo, en la última salida, una de sus líneas se enredó con algo y todo se complicó.
“El clima no fue un condicionante. Él estaba muy pendiente del viento, porque los días así hay que aprovecharlos. Estaba usando casco, chaleco, todo el equipo de seguridad que, si te fijas, nadie usa. Porque él era un obsesivo en cuestiones de seguridad y era la persona que más sabía de saltos y acrobacias. Pero estuvo más de una hora navegando y algo pasó ahí. Cuando hizo las maniobras, ya era tarde”, explicó Marcelo.
En ese sentido, sostuvo: “Nosotros, hablando con sus colegas y compañeros del deporte, coincidimos en que ha habido un problema con una línea, que se enganchó con un camalote, unas algas, algo. Fue una fatalidad de quienes practican este tipo de deportes”.
Fue María del Mar, su novia, quien registró ese último salto que dio y que lamentó, por lo bajo, al ver que Fernando no lograba salir del agua. “¿Dónde estás, gordito? No te veo”, se escucha en el video que luego se viralizó.
Marcelo remarcó el acompañamiento que recibió la familia por parte de amigos y conocidos que, junto con la Prefectura Naval Argentina, se pusieron a disposición para el operativo: “El amor que nos demostró tanta gente, que estuvo en el agua buscándolo hasta las 4 de la mañana. Llegaban a las lanchas helados, temblando después de buscar durante varias horas. Eran tantas lanchas que la misma policía nos dijo que nunca había tenido tantas para coordinar, drones que tenían que organizarse para no chocar, todo en pos de encontrarlo”.
“Después del accidente, fueron horas desesperantes. Uno pasa esas horas y parece que está viviendo una vida de otra persona, que no es verdad. Hasta que nos enteramos de que habían encontrado su cuerpo”, describió el hombre de 42 años y agregó: “Es el momento más terrible que nos tocó vivir como familia. Nos dejó la vida quebrada”.
Los agentes localizaron los restos de Cappi en el canal de derivación Sur, frente al Club Náutico El Quillá, en la intersección con el canal de acceso al río Paraná. Según detallaron, todavía llevaba parte del equipamiento que usaba para practicar el deporte y las botas permanecían sujetas a la tabla de kitesurf.
“Además de hacer kitesurf, era instructor de buceo y de tiro. Jamás en años de prácticas tuvo un solo accidente. Era extremadamente cuidadosa con la seguridad”, reforzó.
Más allá de la tragedia, Marcelo intenta quedarse con lo que significó su hermano en quienes lo conocieron. Lo recuerda como una persona que hacía sentir especial a los demás con apenas un gesto: “Te veía y te abría los brazos con una sonrisa. Vivía por su familia y por sus amigos y siempre era un abrazo, una sonrisa y mucha alegría”.
Esa forma de ser, aseguró, fue lo que hizo que tantas personas quisieran estar presentes para despedirlo. La Basílica Nuestra Señora de Guadalupe, donde se realizó el último adiós, quedó colmada de gente que se acercó a acompañar a la familia y a devolverle a Fernando una parte del cariño que había dado durante tantos años.
“No deja de ser una muerte trágica, un accidente, pero fue una persona tan querida. No es un futbolista, ni un rockstar, y llenó la Basílica. Se fue con aplausos. Eso nos hace explotar de amor, eso nos queda”.
Su hermano, que le llevaba nueve años, no oculta el dolor que atraviesa desde que recibió la noticia. “Estoy destrozado. Tengo el pecho desgarrado; lo amaba. Éramos los hermanos más amorosos y pegoteados que han existido. Desde el viernes, estamos tratando de sostener a mi mamá”.
Sabe que vendrán días más difíciles, en los que la ausencia se hará todavía más evidente. “Obvio va a haber días en los que duele más, que nos va a hacer falta. Él aparecía y era ruido, alegría. Eso nos va a faltar”. Aun así, intenta aferrarse a todo lo que Fernando dejó en quienes lo rodeaban. “El amor recibido es como combustible. Tenemos muchísima fe y él ahora está con mi papá, en paz”, cerró.



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