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Primer resultado del mensaje de Javier Milei: Vaca Muerta llegó en auxilio de la causa Malvinas

Javier Milei combinó sanciones, diplomacia y escala energética ante el avance petrolero en las islas. La reacción de empresas y el poder de negociación argentino

Domingo 06 de Septiembre de 2026

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11:09 | Domingo 06 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Nada más importante que la oportunidad en materia de relaciones internacionales. Y eso es lo que explica el movimiento de Javier Milei sobre Malvinas. No hubo un cambio de estrategia. Tampoco apareció una visión distinta del Presidente sobre las islas, lo que cambió fue el tablero.

Por un lado, avanzó el proyecto petrolero Sea Lion. Por otro, Donald Trump abrió una discusión sobre la posición de Estados Unidos. A eso se suma la competencia entre Washington y China por el Atlántico Sur y el acceso a la Antártida.

 

En ese cruce apareció además un elemento que hasta ahora no había ocupado el centro de la política argentina sobre Malvinas: Vaca Muerta. Ese es el dato que ordena el resto.

 

El Gobierno decidió utilizar el peso presente y futuro del negocio petrolero argentino como herramienta para elevarle a las empresas el costo de participar en proyectos hidrocarburíferos alrededor de las islas con licencias otorgadas por el gobierno isleño contra la oportunidad que implica Vaca Muerta. Eso cambia la relación de costos.

Vaca Muerta entra en la cuestión Malvinas

La reacción de las empresas proveedoras mostró que la advertencia argentina no había sido improvisada. SLB, Halliburton y Baker Hughes comunicaron ayer que no tienen contratos para trabajar en el área Malvinas. La británica Harbour Energy ya se había retirado antes de la explotación de esa zona.

 

Pablo Quirno difundió esas decisiones como un triunfo, aunque en la Casa Rosada no fueron recibidas como una sorpresa ya que formaban parte de antemano del efecto que buscaba la estrategia desplegada con la cadena presidencial.

 
 

Uno de los argumentos fundamentales que apoya esas razones está en los números.

Vaca Muerta produjo en julio de 2026 unos 643.100 barriles de petróleo por día. La producción petrolera total argentina alcanzó ese mes 916.200 barriles diarios. El Plan Energético argentino, según números oficiales, estima que la producción no convencional podría llegar a un nivel cercano a 1,143 millones de barriles diarios hacia 2030.

Sea Lion se mueve en otra escala

En su primera etapa, el FPSO (Floating Production, Storage and Offloading) "Aoka Mizu" de Bluewater tendrá en Sea Lion una capacidad de alrededor de 55.000 barriles diarios. La perforación está prevista para comienzos de 2027 y el primer petróleo para el primer trimestre de 2028.

Existe luego una posible expansión hacia el Central Development Area. Navitas adquirió el FPSO "OSX-1", con capacidad para unos 125.000 barriles diarios adicionales. El objetivo sería iniciar producción hacia fines de 2030, pero la aprobación y desarrollo aun esta en veremos.

 

Para una empresa de servicios petroleros, el dilema ya no se reduce a aceptar o rechazar un contrato en Sea Lion. También debe medir qué arriesga si una participación en ese proyecto compromete su actividad en la Argentina. El Gobierno intenta que esa cuenta tenga una respuesta sencilla.

El petróleo como instrumento de presión

La amenaza de sanciones y bloqueo para operar en la Argentina apunta precisamente a esa ecuación. Milei anunció el uso de herramientas económicas, judiciales y legales contra empresas que participen en la explotación petrolera alrededor de Malvinas. El objetivo inmediato no es resolver el conflicto de soberanía sino presionar sobre incentivos.

Sea Lion tiene como actores centrales a Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration. El proyecto se encuentra en la Cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte de las islas. Su avance colocó al Gobierno ante un problema, inclusive con el aliado Israel. Ese conflicto mantuvo un ida y vuelta de aclaraciones entre Buenos Aires y Tel Aviv que le complicó la vida a los dos paises socios. Israel tuvo que salir a explicar que Navitas es una empresa privada sobre la que no puede presionar, pero ese es un argumento que en un país historicamente intervencionista como la Argentina es difícil de masticar.

El FPSO Aoka Mizu de Bluewater

El FPSO Aoka Mizu de Bluewater

Por lo tanto, no actuar implicaba aceptar que la explotación siguiera su curso sin elevar costos para quienes intervinieran. También abría una discusión interna sobre el cumplimiento de la obligación constitucional de sostener el reclamo argentino sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.

Milei eligió actuar y no porque haya descubierto una política nueva sino porque el costo de permanecer quieto empezó a crecer.

La oportunidad que llegó desde Washington

La otra chance viene del contexto internacional. Donald Trump mantiene una disputa con el primer ministro británico Andy Burnham por la falta de apoyo en la guerra con Irán y por la situación vinculada con el estrecho de Ormuz.

Al mismo tiempo, China tiene intereses en el Atlántico Sur. Según la óptica de Andrés Cisneros, exvicecanciller argentino y uno de los que mejor conoce la cuestión Malvinas en serio, la competencia entre Estados Unidos y China puede colocar el reclamo argentino en una posición distinta. Washington observa el Atlántico Sur y el acceso a la Antártida. Beijing también.

Y todas las estrategias son a largo plazo: en el 2048 cualquier país miembro puede pedir la revisión del funcionamiento del Tratado Antártico. ¿Habrá cambios? Será difícil, pero todos anticipan un momento de debates y discusiones sobre el uso del continente blanco. Argentina y Malvinas están en el centro de las líneas de proyección para reclamar voz sobre la Antártida.

Argentina mantiene relaciones que cruzan ese tablero: una asociación política central con Estados Unidos y una relación comercial con China. Por primera vez aparece la posibilidad de que una necesidad estratégica de Washington pueda cruzarse con una pretensión argentina sobre Malvinas, pero eso no significa que Estados Unidos vaya a resolver el reclamo argentino.

Significa que apareció una ventana.Y las ventanas internacionales no se administran con discursos. Se administran con relaciones de poder.

Molestar sin aislarse

El analista internacional Fabián Calle apunta en la misma dirección y plantea una estrategia similar a la que sigue el gobierno: consiste en elevar costos políticos de la oposición que mantiene Gran Bretaña por el camino de la diplomacia. Eso exige mantener una relación con Estados Unidos y profundizar la negociación.

Ambos elementos reducen argumentos para que Londres sostenga su política ante el reclamo argentino. Esta definición marca también el límite del movimiento presidencial.

Las sanciones pueden afectar empresas. Vaca Muerta puede modificar decisiones de proveedores. Una discusión en Washington puede alterar posiciones diplomáticas.

El activo argentino no es solamente la capacidad de bloquear negocios, también es la posibilidad de convertirse en un país con escala económica suficiente para que sus intereses tengan peso.

Ahí vuelve una idea que economistas y diplomáticos alejados del kirchnerismo sostuvieron durante años: una Argentina desarrollada y competitiva dispone de mejores herramientas para sostener su reclamo sobre las islas.

Vaca Muerta convierte esa idea en una cuestión concreta.

Hay otra dimensión. Argentina debe respaldar su reclamo con presencia, infraestructura y capacidad económica en la Patagonia y Tierra del Fuego.Eso incluye logística, actividad civil, infraestructura militar y desarrollo económico.

El proyecto del puerto de Ushuaia entra en esa discusión. Su importancia no se limita a una obra portuaria, sino que tiene relación con la capacidad argentina de ocupar un lugar en las operaciones vinculadas con la Antártida y el Atlántico Sur.

La cuestión de fondo vuelve a ser la misma: la soberanía no se sostiene sólo con declaraciones y por eso ayer mismo comenzaron a aparecer decretos presidenciales que redirigen partidas presupuestarias hacia equipamiento, logística y capacidad operacional de las Fuerzas Armadas en el sur.

En Londres hasta hubo una reacción pseudo militar a esos movimientos, casi una ironía en un momento donde la beligerancia, gracias a Dios, ya no tiene lugar ni intenciones en la zona.

Milei no cambió: cambió el tablero

El mensaje presidencial también abrió una discusión política. Milei le dijo a la oposición que se pueden discutir las formas, la política fiscal o la cambiaria, pero que Malvinas merece una pausa. El Presidente buscó colocarse bajo una causa que excede las diferencias internas.

Eso alimentó la interpretación sobre un cambio personal, pero esa lectura confunde símbolos con estrategia.

Milei elogió en otras ocasiones a Margaret Thatcher por su política económica. Eso generó discusiones por lo que la ex primera ministra representa para los argentinos en relación con la Guerra de Malvinas. La realidad es que Milei nunca elogió a Thatcher por Malvinas sino por sus ideas económicas, algo que puede ser debatido pero que no hace a la cuestión actual de las islas.

El anuncio actual del presidente no borra ese antecedente, pero lo que muestra es otra cosa.

Milei, que además esta en el inicio de su campaña presidencial, encontró una circunstancia en la cual actuar sobre Malvinas tiene sentido económico, diplomático y político al mismo tiempo.

Existe un proyecto petrolero que avanza, una herramienta de presión a través de Vaca Muerta, una discusión entre Washington y Londres, una competencia entre Estados Unidos y China. Y existe además un calendario electoral cuyo resultado permanece abierto. No aprovechar todo ese coctel junto hubiera sido un grave error geopolítico.

 

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