Sociedad

Suicidio en la Argentina: una mirada desde la psiquiatría

El Dr. Esteban Toro Martínez, presidente de la Asociación de Psiquiatras de Argentina (APSA) y perito forense de la Corte Suprema, propone no solo prevención, sino también “ofrecer un mañana” a quienes atraviesan una crisis.

Domingo 13 de Septiembre de 2026

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08:30 | Domingo 13 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

 El aumento de los suicidios en la Argentina constituye una señal de alarma. En 2025 el Sistema Nacional de Información Criminal registró 5.209 muertes por suicidio, un 22,6% más que en 2024, con una tasa de 11,8 cada 100.000 habitantes mayores de cinco años, la más alta de la serie 2016-2025.

Desde la psiquiatría debemos evitar explicaciones únicas. El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, en el que interactúan factores psicológicos, psiquiátricos, familiares, sociales y culturales. Por eso, oponer un fenómeno colectivo a un problema individual de salud mental constituye una falsa dicotomía.

Preocupa especialmente su impacto en los jóvenes. Junto con los trastornos mentales, los consumos, las crisis vitales o los conflictos familiares, debemos considerar condiciones contemporáneas de vulnerabilidad. Observamos formas de sufrimiento atravesadas por sentimientos de insuficiencia: la vivencia de no alcanzar, no rendir o no poder realizar aquello que aparece socialmente como esperable. A esto se suman la incertidumbre sobre el futuro, las dificultades de autonomía, la soledad y una cultura de la inmediatez y el rendimiento. Las redes sociales amplifican además la comparación con imágenes seleccionadas de éxito, belleza y felicidad. Esto no causa por sí mismo el suicidio, pero puede aumentar la vulnerabilidad.

También debemos atender la marcada mortalidad masculina: aunque los intentos notificados son más frecuentes en mujeres, su letalidad es mucho mayor en los varones.

Argentina cuenta con una Ley Nacional de Prevención del Suicidio. El desafío es traducirla en políticas sostenidas: detección precoz, acceso oportuno a la atención, seguimiento después de un intento y articulación entre salud, educación, familias y comunidad.

Preguntar por ideas de muerte no induce al suicidio. Escuchar, acompañar y facilitar una consulta puede resultar decisivo. Pero frente a un incremento de esta magnitud, la prevención no puede quedar limitada a la intervención ante la crisis. Requiere detectar y tratar el sufrimiento psíquico, fortalecer los vínculos y generar condiciones que permitan recuperar proyectos y expectativas de futuro.

En “Los árboles mueren de pie”, Alejandro Casona imaginó que, frente a una decisión suicida, podía bastar una palabra para volver a abrir el futuro: “Mañana”. La prevención requiere tratamientos, políticas públicas y redes de cuidado, pero también contribuir a que quien atraviesa una crisis pueda volver a imaginar que existe un mañana.

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