A partir de allí, Moria Casán amplió su reflexión sobre cómo los adultos suelen mirar a las nuevas generaciones desde el prejuicio. “Todo el mundo dice: ‘estos pendejos que no sirven para nada, son unos vagos, que no los entiende nadie, son unos maleducados’”, señaló, advirtiendo que en realidad atraviesan un contexto complejo y desafiante: “Están transando un mundo muy caótico”.
También vinculó este escenario con la salud mental y el impacto de las redes sociales. “Están muy solitos... vivimos con el prejuicio descarnado de las redes porque el hate es gratis”, sostuvo, marcando la diferencia con otras épocas y el peso actual de la exposición digital constante.
En el plano personal, la diva se refirió a sus nietos, Helena, próxima a cumplir 18 años, y Dante, de 11, destacando su intento permanente de acompañarlos: “Apenas me piden, yo trato de hacerme... enseguida vuelo donde sea... no me quiero perder nada”.
Finalmente, dejó una reflexión que condensó su mensaje: “Decirle todo el tiempo que los amás. Necesitan que alguien les diga que los quiere”. Con ese cierre, Moria Casán volvió a mostrar una faceta íntima, atravesada por la contención emocional y la preocupación por las nuevas generaciones.