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Por qué olvidamos los nombres de las personas en una conversación: las cuatros razones que explica la psicología

El cerebro retiene mejor información con significado o imágenes asociadas, mientras que las palabras más arbitrarias o de baja frecuencia, tienden a no recordarse

Martes 02 de Junio de 2026

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15:41 | Martes 02 de Junio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Olvidar nombres de personas conocidas no indica mala memoria, sino una forma normal de funcionamiento del cerebro, dicen los expertos. La psicología explica que la memoria retiene mejor la información cuando puede conectarla con significados, imágenes o ideas, y por eso los nombres propios suelen fijarse peor que otros datos con contenido concreto.

Según David Ludden, doctor en psicología, profesor en Georgia Gwinnett College, Estados Unidos, los humanos somos buenos reconociendo rostros que hemos visto antes, y hay una razón evolutiva para ello.

 “No solo los humanos, sino muchos otros animales sociales reconocen a sus compañeros de grupo por sus rostros. Incluso tenemos mecanismos específicos en el cerebro para procesar los rasgos faciales. Esto hace que el reconocimiento facial sea rápido y preciso. Lo que realmente resulta difícil es recordar los nombres que corresponden a esos rostros", señaló en un artículo en Psychology Today.

Cuatro razones por las que olvidamos los nombres de las personas

En un artículo en la misma publicación, las psicólogas Lise Abrams y Danielle Davis de la Universidad de Florida analizaron por qué resulta difícil recordar nombres de personas, identificando cuatro características que distinguen a los nombres propios de otras palabras:

  • Carácter arbitrario de los nombres. Mientras que las palabras comunes evocan imágenes o conceptos claros (como “manzana”, que remite a una fruta específica), un nombre propio no ofrece información sobre la persona a la que designa. Saber que alguien se llama Natalia no aporta datos sobre su apariencia ni sobre quién es.
  • Ausencia de sinónimos. Cuando no se recuerda una palabra común, es posible recurrir a un sinónimo para suplir el olvido, lo que permite que la conversación continúe sin mayor inconveniente. En cambio, los nombres propios carecen de alternativas: si no se recuerda el nombre exacto, no existe un sustituto que cumpla la misma función.
  • Composición por varias palabras. En muchas culturas, los nombres completos incluyen nombre, apellido y, en ocasiones, otros nombres adicionales. Para identificar a una persona conocida, mencionar solo uno de sus nombres suele ser insuficiente. “Si intentas recordar el nombre del actor que protagonizó dos películas diferentes en las que los aviones se estrellan contra el agua, decir simplemente “Tom” no será suficiente; necesitas su nombre completo. (Tom Hanks; “Náufrago” y “Sully”)“, explicó Ludden.
  • Baja frecuencia de uso. Los nombres propios aparecen con menos frecuencia en el lenguaje cotidiano comparados con muchas palabras comunes. Esto dificulta su recuperación en la memoria, incluso cuando los componentes individuales del nombre son usuales.

“En resumen, olvidar el nombre de una persona es como olvidar una palabra: estás seguro de que la conoces (o del nombre), o sientes que deberías conocerla, pero simplemente no puedes recordarla. Sin embargo, las estrategias que usamos para evitar lapsos de memoria suelen fallar con los nombres”, explicó Ludden.

La ilusión de Moisés

La ilusión de Moisés es un error de comprensión que ocurre cuando, al escuchar o leer una pregunta, aceptamos información incorrecta porque parece encajar en el contexto.

En un estudio en laboratorio hacían estas preguntas, por ejemplo:

P: ¿Cuántos animales llevó Moisés en el arca?

A: Dos de cada tipo.

“Si crees que la última respuesta fue correcta, vuelve a leer la pregunta. (Moisés no subió al arca; fue Noé). Este tipo de error de comprensión se conoce como la ilusión de Moisés", detalló Ludden.

Esta ilusión no solo afecta nombres. También puede ocurrir con palabras comunes, como confundir “cucharada” con “cucharadita” en una receta, o tomar una dirección equivocada en la autopista por leer rápido un letrero, explicó.

 “Las razones por las que se produce la ilusión de Moisés no están del todo claras, pero podemos ofrecer al menos una explicación parcial. Cuando leemos, no procesamos cada palabra en profundidad, porque nos ralentizaría demasiado. En cambio, hacemos una lectura superficial y, mientras las palabras parezcan apropiadas, continuamos, deteniéndonos solo cuando una palabra es desconocida o inesperada”, indicó el investigador.

Finalmente, señaló que en una conversación cotidiana, recuperamos palabras y sus significados a un ritmo de dos o tres por segundo. “Lo realmente sorprendente es la poca frecuencia con la que falla este proceso. Los lapsos de memoria son normales y todos los experimentamos. Así que no debemos sentirnos mal cuando, de vez en cuando, se nos escapa una palabra o una imagen que nos viene a la mente.

Recomendaciones para recordar nombres y mejorar la memoria

Además de seguir un estilo de vida saludable, con una dieta saludable, realizar actividad física, dormir bienejercitar el cerebro a diario y tratar de aprender una nueva habilidad son claves para mejorar la función de la memoria.

Según la Clínica Mayo, cuando se aprende el nombre de alguien, esa información forma un camino en el cerebro y ese camino debe fortalecerse. “Hay muchas maneras en que esto puede ocurrir: puedes concentrarte en el nombre cuando lo aprendes por primera vez, repetir el nombre después o relacionarlo con algo familiar. Cualquiera de estos pasos puede ayudarte a recordar”, señaló la entidad. Recomendaciones de expertos para recordar mejor:

  1. Prestar atención al escuchar un nombre y asociarlo con la persona.
  2. Observar detalles distintivos de la persona, como el peinado o los accesorios.
  3. Repetir el nombre en voz alta durante el saludo.
  4. Leer libros y textos con frecuencia para ampliar el vocabulario.
  5. Resolver crucigramas, jugar al scrabble y hacer anagramas para activar la memoria verbal.
  6. Completar sopas de letras para estimular atención y concentración.
  7. Aprender nuevas palabras cada día y usarlas en conversaciones.
  8. Nombrar mentalmente objetos del entorno para ejercitar la recuperación de palabras.
  9. Elegir un objeto y escribir un párrafo breve sobre él para practicar la expresión escrita.
  10. Participar en juegos de asociación de palabras para mejorar agilidad mental y creatividad.

 

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